Meditación.
Introducción.
Dios creó a nuestros primeros padres, y los dotó con dones preternaturales, para que no sucumbieran ante la enfermedad y el pecado. Adán y Eva eran felices, pero, habiendo sido creados para alcanzar la máxima glorificación, se expusieron a asumir la muerte, al conocer el mal, con el fin de ser iguales a Dios. A diferencia de Adán y Eva, nosotros no fuimos dotados preternaturalmente, pero queremos ser purificados al superar la adversidad que atañe a nuestras vidas, porque anhelamos la santidad, pues, al igual que nuestros primeros antecesores, también queremos ser como Nuestro Criador.
Durante los años que hemos vivido, hemos transgredido el cumplimiento de la Ley de Dios, unas veces sin quererlo, pero, otras veces, quizás hemos pecado sabiendo que hemos hecho lo que Nuestro Padre común detesta. Al hacer el propósito de reparar el daño que hemos hecho si hemos pecado, vamos a pedirle a Nuestro Señor que renueve nuestro espíritu, para que algún día podamos parecernos a Jesús.
Dios es justo, y, su amor, supera su justicia. Esta certeza, es, pues, la que nos asegura el perdón de nuestras transgresiones en el cumplimiento de la Ley de Dios. San Juan escribió en su Evangelio unas palabras, a la luz de las cuales, podemos interpretar la segunda lectura de hoy (JN. 3, 16). Adán pecó, y todos hemos pecado. Adán murió, y todos moriremos. Cristo resucitó, y, por ello, todos resucitaremos cuando acontezca la Parusía -o segunda venida- de Jesús.
En el Evangelio de hoy, San Mateo nos narra brevemente el episodio de las tentaciones de Jesús, un relato en que el demonio le dice al Mesías que viva como si no creyera en Nuestro Padre común, pero, Jesús, rechazará la existencia de su vida sin fe y por ende sin sentido, pues no quiere prescindir de las raíces espirituales que, al no ser entendidas por sus adversarios religioso-políticos, más tarde, le conducirán a la muerte.
Antes de comenzar su Ministerio público, Jesús se retirará al desierto para relacionarse íntimamente con Dios, aunque quizá sin saber que ello le hará conocer las entrañas del hombre, para buscar un camino idóneo para que, después de recorrerlo, nos encontremos con Nuestro Padre común.
1. Podemos ver el episodio del pecado original como un relato en que el hombre desobedeció a Dios, pero también podemos verlo de una forma más positiva. Dios creó un huerto paradisíaco en el que Adán y Eva no trabajaban por necesidad, sino por placer. Aparentemente ellos sólo tenían que desear que acabara el tiempo que Dios les había impuesto para que se probaran su fidelidad a Él ante ellos mismos, dado que, el Creador, sabía lo que sucedería con ellos y con nosotros. Adán y Eva, sin pasar por el conocimiento del mal, el dolor, la enfermedad y la muerte, podrían haber alcanzado la suma perfección divina, pero, obedeciendo a nuestra impaciencia natural, ellos quisieron conocer el misterio del árbol del conocimiento del bien y del mal, a pesar de que ello significaba que habrían de ser vulnerables, pues serían víctimas del padecimiento y la muerte. Personalmente pienso que este episodio puede ser comparable a la vivencia de un estudiante al que se le dice: no estudies, y te evitarás muchos dolores de cabeza. El estudiante hace caso omiso de ese aviso y sigue estudiando, porque, a pesar del sacrificio que ello lleva impreso, es consciente de que, al concluir su ciclo formativo, podrá optar a un puesto de trabajo que le aportará beneficios económicos y una gran satisfacción al contribuir el mismo a su realización personal. Pienso que vivimos en una sociedad en la que tenemos una fuerte tendencia a proteger a nuestros seres queridos, por consiguiente, los padres que les conceden todos sus deseos a sus descendientes, hacen de los mismos grandes egoístas, incapaces de sensibilizarse del dolor y las carencias de sus prójimos. Adán y Eva debieron aprender una gran lección a partir de aquella experiencia, así pues, a pesar de que fueron expulsados del Paraíso hasta que fueron purificados por la experiencia que tanto anhelaban, él pensó que Eva era la madre de la vida, tuvieron hijos, e intentaron ser felices, a la luz del cumplimiento de la voluntad de Dios.
2. "Cuanto más creció el pecado (en el mundo, en nuestras vidas), más abundante fue la gracia de Dios" (ROM. 5, 20). La Cuaresma se caracteriza por los sacrificios que todos podemos llevar a cabo en un determinado momento para alcanzar el perdón de Dios. Muchos de nuestros hermanos, vivirán algunas procesiones de Semana Santa, caminando descalzos, con sus cirios encendidos, pidiéndoles a Jesús y a María que les quiten algunas enfermedades graves a sus prójimos, y, para que se les conceda su petición, se ofrecerán voluntariamente para que las citadas enfermedades caigan sobre ellos. Yo quisiera deciros que no hagáis esto sin ánimo de ofenderos, porque, Nuestro Padre común, dispone de dádivas para tener una buena salud Él mismo, puede sanar a nuestros prójimos, y puede curarnos a nosotros cuando lo estime oportuno, por tanto, en vez de ofrecernos como víctimas para sufrir enfermedades que en el caso de afectarnos sólo nos harían sufrir, vamos a hacer que sobreabunde la abundancia divina donde abunda la miseria humana, ejercitando los dones y virtudes que hemos recibido del Espíritu Santo.
Me ha venido otra vez a la mente el proteccionismo excesivo con que muchos padres tratan a sus hijos, porque, estoy pensando en la grandeza del amor de Dios, que, al amarnos más de lo que jamás nos han amado y de lo que nos amarán en el futuro, es capaz de dejar que recibamos todos los golpes que necesitamos recibir para ser purificados, con tal de no coartar el uso que hacemos de nuestra libertad.
Hace tiempo conocí a una mujer que protestaba constantemente porque no se sentía valorada por sus compañeros de trabajo, de los que siempre decía que la trataban injustamente, siendo ella cuidadosa y muy puntual para satisfacer las necesidades que los tales tenían. No sé cuál era la actitud de los compañeros de trabajo de la mujer de la que os estoy hablando, pero estoy seguro de que ella, recibiendo -o sin recibir- manifestaciones de aprecio de sus compañeros, era incapaz de enumerar diez de las virtudes que tenía.
3. San Mateo nos dice en su Evangelio que, cuando Jesús fue bautizado, "fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo" (MT. 4, 1). Antes de comenzar su Ministerio público, Jesús quiso relacionarse estrechamente con Dios, para someterse a la voluntad de Nuestro Padre común. El Espíritu Santo premió el deseo del Señor de crecer espiritualmente, así pues, a través del duro episodio de las tentaciones, el Mesías aprendió a compadecerse de nosotros, según las palabras del Sagrado Hagiógrafo (HEB. 2, 18). Al adquirir la experiencia del conocimiento del poder, el prestigio y la riqueza, y al conocer el sufrimiento, Jesús puede compadecerse de nuestra fragilidad, porque Él mismo experimentó nuestra debilidad. En la biblia se nos sigue instruyendo (HEB. 4, 15).
En su empeño de demostrar la fragilidad del Mesías, el autor de la Carta a los Hebreos les transmitió a sus lectores el siguiente mensaje: (HEB. 5, 7-10).
4. San Mateo nos dice en el Evangelio de hoy que, "después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, Jesús tuvo hambre" (MT. 4, 2). Desde un punto de vista estrictamente espiritual, si pensamos que Jesús fue dotado por Dios con dones especiales, podemos creer que el Hijo de María ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches, pero, si Nuestro Señor era un hombre semejante a nosotros, debemos creer que se alimentó a base de hierbas. Jesús se retiró del mundo como lo han hecho muchos religiosos de diversas confesiones a lo largo de la Historia para encontrarse con la Suma Divinidad. Recuerdo que hace varios años hice unos ejercicios espirituales para jóvenes en los que lo pasé muy mal, porque, al ni siquiera contar con una Biblia en Braille, y al estar todos mis compañeros en actitud silente, no podía soportar aquella quietud. Tres días tardé en encontrar la paz. Jesús debió sufrir mucho sin alimentarse debidamente, recordando la muerte de José, la soledad de María, las miserias del mundo, la política romana basada en la tortura y las crucifixiones masivas, el terrorismo de los celotes, la hipocresía de la clase religiosa gobernante en Palestina en aquel tiempo... Jesús oraba para que el Dios que permanecía en silencio le resolviera sus dudas, pero Él cada día estaba más débil, y, quizás tenía la sensación de que Dios lo abandonaba más, como si lo estuviera preparando para ser martirizado tres años después.
5. En el libro del Deuteronomio se encuentra el siguiente texto que puede ser aplicado a los años que hemos vivido y a nuestra experiencia vital, por consiguiente, Dios nos dice: (DT. 8, 1-3).
(MT. 4, 3-4). ¿Qué significa esta tentación con que Satanás intentó apartar a Jesús de su propósito divino? El mundo necesita pruebas que evidencien la existencia de Dios. Todos tenemos esas pruebas, así pues, Nuestro Padre común nos alimenta, nos cuida, nos da el aire que necesitamos para respirar, y otras muchas dádivas que no valoramos.
Si seguimos meditando el texto del Deuteronomio con que iniciamos la meditación de la primera tentación que sufrió Nuestro Señor Jesucristo, podemos encontrar las siguientes palabras: (DT. 8, 4). El mundo está lleno de pobres, enfermos y afligidos, y, nosotros, en vez de saciar a los hambrientos, sanar a los enfermos y consolar a los afligidos, queremos que Dios nos haga todo el trabajo que podemos hacer con los medios que Nuestro Padre común nos ha dotado.
Todos podemos hacer milagros en conformidad con nuestra fe, y necesitamos que Dios haga lo que nosotros no podemos hacer, pero nos gusta mucho la vida regalada. Cada día son más los jóvenes que abandonan sus estudios, y, en lugar de buscar trabajo, se dedican a vivir a expensas de sus padres, sin preocuparse de la situación económica de ellos, pensando únicamente en divertirse. Dios no nos concederá nunca una vida fácil, porque, el hecho de purificarnos y santificarnos, requiere de nosotros el esfuerzo de superar la adversidad, con la eficaz ayuda de Dios, así pues, esta es, precisamente, la razón por la que Dios permanece en silencio ante el hambre, las enfermedades, y las demás manifestaciones de la miseria. Si Dios nos diera todo lo que necesitamos, y no tuviéramos que aprender a luchar para superar nuestras carencias, no tardaría mucho tiempo en llegar el día en que seríamos caprichosos y desagradecidos para con Él, porque no valoraríamos, ni su misericordia, ni el sufrimiento que nos ha costado nuestra purificación. Probad a educar a un niño concediéndole todos sus deseos, evitadle el hecho de veros sufriendo y cansados por causa de sus carencias, y veréis cómo os explota, sin la intención de abusar de vosotros con maldad, pues adquirirá el hábito de utilizaros a su antojo. Los seres humanos tenemos una fuerte tendencia a buscar el placer inmediato, porque hemos sido creados para alcanzar la suma perfección, pero no por ello hemos de olvidarnos de vivir cumpliendo la voluntad de Dios constantemente.
Ciertamente la vida difícil de los cristianos es dura, pero, cuando flaqueen nuestras relaciones con nuestros cónyuges, nuestros hijos, o con otros seres queridos, cuando tengamos carencias y nos sintamos débiles, diremos con el Salmista en estado de recogimiento interior las palabras contenidas en el SAL. 17, 8, y Dios siempre estará con nosotros, apoyándonos en todas las actividades que emprendamos, aunque el pesimismo arraigado en nuestro corazón no nos permita percatarnos de ello.
Satanás le propuso a Jesús que se convirtiera en nuestro ídolo al satisfacer nuestras carencias y caprichos. ¿Por qué hizo el Señor caso omiso a las palabras del tentador? ¿Ignoraba Jesús que nos pondríamos a su servicio si nos diera instantáneamente todo lo que le pidiéramos? Jesús le dijo al demonio que el materialismo no nos hará tan felices como la espiritualidad, así pues, nuestras posesiones pueden contribuir a que seamos felices, pero, la filiación divina, la vida de la gracia, es nuestro gran tesoro. ¿Cómo podemos comparar la posesión de todas las riquezas del mundo con el alimento espiritual de la Palabra de Dios? ¿Quién puede mostrarnos más amor que Jesús Eucaristía? Jesús sabía que si nos concedía nuestros caprichos no lo querríamos a Él, sino sus dádivas, y Él quiere que le amemos, no porque es poderoso, ni porque le necesitamos, sino porque el Hijo de María, es Nuestro Hermano, Nuestro Amigo, nuestro todo. Padres, ¿amáis a vuestros hijos porque son altos, guapos e inteligentes, o porque son vuestros descendientes?
6. Dios tranquiliza a quienes creen en Él independientemente de las tribulaciones que los mismos padezcan, así pues, en la Biblia leemos: (SAL. 91, 11-12). Dios quiere hacernos comprender que nos tiene asidos de su mano diestra y no permitirá que tropecemos, esto es, si tenemos fe en Él, Nuestro Padre actuará en nosotros sin coartar el uso de la libertad que nos ha concedido. Si tenemos fe en Dios cuando estemos enfermos, cuando no tengamos adonde ir, Él proveerá nuestras necesidades, porque nos tiene asidos, y no nos desamparará.
A veces tenemos la tentación de poner a prueba a Nuestro Padre común, diciéndole: Si tú existieras, no permitirías que murieran tantos niños indefensos en el tercer mundo. Algunos utilizan pretextos semejantes al que estamos considerando porque sufren crisis de fe, pero, otros, utilizan estas cuestiones para blasfemar abiertamente, sin respetarnos a quienes nos resistimos a dejar de creer en Dios, así pues, en el Deuteronomio leemos: (DT. 6, 16).
¿Somos capaces de probar a nuestros cónyuges y a nuestros hijos? Si hacemos esto, somos muy desconfiados, y, debemos confiar en Dios, más que en quienes más amamos, porque nadie nos ama como lo hace Nuestro Padre celestial.
Consideremos la segunda tentación con que el diablo atacó a Jesús. Como nuestro Redentor sostenía que la espiritualidad es más importante que el materialismo, el demonio, para desmentirlo haciendo que la gente le siguiera, utilizó las Escrituras, con la intención de hacer que Cristo diera un espectáculo soberbio, para convertirse en el hombre más famoso de toda la Historia, por causa de su poder, fama y riqueza. (MT. 4, 5-7). Hace varios días, uno de mis amigos, testigo de Jehová, me sometió a consideración, diciéndome: Antiguamente Dios se les manifestaba a los hombres, pero, en nuestro tiempo, nadie habla con Dios. ¿Por qué crees tú que sucede eso? Yo, antes de contestarle a mi amigo, pensé un breve instante, y exclamé: No podemos decir que la Biblia no se había imprimido en aquel tiempo, puesto que ahora que existe, es utilizada para adornar muebles. Yo creo que la gente no habla con Dios porque, aunque todos sabemos hablar mucho, muchos no tienen la capacidad de escuchar a nadie, y menos al Dios que no podemos ver ni tocar. Cuando alguien se atreve a afirmar que Dios existe, se le responde: ¿De verdad? Pues, ¡que haga un milagro ahora mismo. ¡En estas circunstancias Nuestro Padre guarda silencio, porque no le sirve de nada manifestárseles a quienes no son humildes para reconocer los milagros que Él opera en nuestras vidas diariamente, y que no reconocemos porque se repiten muchas veces, y porque no sabemos valorar lo que tenemos. Si yo en vez de tener listas de correo dedicadas a la evangelización publicara otros temas más solicitados por la mayoría de la gente, tendría muchos más lectores de los que tengo. Si no podéis creerme, iros a MSN Groups, a Yahoo! Groups, a Egrupos, a Elistas, o a otro servidor de listas de correo, y comparad el número de suscriptores de listas religiosas, con el número de usuarios de otros servicios. Con mis conocimientos de Tarot y Numerología podría ganarme la vida muy bien a través de la red, pero prefiero trabajar gratuitamente para aquel que lo tiene todo. Yo edité un libro para ayudar a Cáritas o a Manos Unidas porque pensé que de esa forma podía servir a Dios, pero no pude venderlo, y, la web principal de Trigo de Dios por la que pagué mucho dinero está muy mal hecha porque no sé crear páginas web y por eso me timaron, así pues, parece que Dios no quiere mi dinero, pues, me prefiere a mí, por eso, hermanos, trabajo para Él, porque me ama como soy.
7. Como Jesús no quiso que la gente le siguiera facilitándole la vida, ni quiso llamar la atención de los habitantes de Jerusalén dando un espectáculo inolvidable, Satanás se jugó su última carta, y atacó al Salvador violentamente. ¿Podría Jesús resistirse al poder que conceden los dioses mundanos? ¿Podría Jesús resistirse al dios dinero? ¿Podría Jesús rehusar del dios sexo? ¿Podría Jesús renunciar al dios droga? ¿Podría Jesús renunciar al dios que le instaba a someterse a la fuerza a los débiles para explotarlos sin consideración? Satanás, aquel a quien los testigos de Jehová llaman “el creador de este sistema de cosas”, le cedía a Jesús su supuesto dominio sobre los hombres, con tal de conseguir que el Mesías renegara de Dios un momento a lo largo de la eternidad. El demonio sabía que Miguel y sus ángeles le derrotaron gritando la grandeza de Dios, pero él quería volver al infierno anotándose el triunfo de, en su afán de dividir a Dios y a los hombres, conseguir que el Criador de la humanidad renegara de Sí mismo. ¿Conocéis a alguna persona que sea capaz de cometer cualquier fechoría por dinero? ¿Quién podría tener la fuerza moral suficiente para renunciar a unos dioses tan prometedores de dádivas excelentes y placenteras, aunque las mismas, a largo plazo, sean la perdición de los hombres?
Veamos, pues, el texto sagrado: (MT. 4, 8-10).
8. San Mateo nos sigue diciendo en el Evangelio de hoy: (MT. 4, 11). ¿Tenemos la tentación de creer que nuestra fe es plena? ¿Creemos que nadie conoce mejor la profesión que ejercemos que nosotros? Seamos humildes, no vaya a suceder que la presunción nos aparte del cumplimiento de la voluntad de Nuestro Padre común.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com