No permitamos que la adversidad atente contra la fe que profesamos.
Ejercicio de lectio divina de MT. 10, 16-22.
Lectura introductoria: MT. 5, 3. 7. 9.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
La celebración de la Navidad fue instituida con la intención de que fuera celebrada teniendo presente la Pasión, la muerte y la Resurrección de Nuestro Redentor. Aunque la celebración de la Pascua nos recuerda la utilidad característica del dolor, hemos convertido la celebración del Nacimiento de Jesús en una fiesta marcada por la sensibilidad, lo cual, si es positivo, porque nos hace recordar cómo somos amados por el Dios Uno y Trino, tiene un aspecto negativo, consistente en hacernos olvidar, que, nuestra profesión de fe, conlleva el compromiso, de cumplir la voluntad divina. Quizás hemos concebido nuestra profesión de fe, sin tener en cuenta, las dificultades que puede tener como consecuencia.
¿Por qué se nos anima a morir en defensa de la fe cristiana? ¿No sería prudente el hecho de renunciar a actuar como seguidores de Jesús en los países en que ello esté prohibido, para conservar la vida y los derechos adquiridos? Cada cual debe decidir si desea morir por sus seres queridos, o sus convicciones políticas y/o religiosas, si no quiere renunciar a las creencias, que le dan sentido a su vida.
Tal como Jesús vino al mundo para actuar como mártir -o testigo- de Nuestro Padre común, los cristianos hemos sido llamados, a actuar como mártires, -o testigos-, de Jesús (HCH. 1, 8). Habitualmente, equiparamos el martirio al suicidio, pero, ambos términos, no tienen por qué estar relacionados, porque hay quienes mueren profesando su fe torturados, y hay quienes gastan su vida, sirviendo a Dios, y superándose a sí mismos, en los terrenos espiritual, y material.
¿Nos es fácil perdonar a quienes nos ofenden? San Esteban sirvió a sus hermanos de raza aunque lo tenían como inmigrante por no ser natural de Israel, hizo un último intento de predicarles la Verdad de Dios a las autoridades de los judíos antes de ser asesinado, y murió pidiéndole a Dios, que no tuviera en cuenta el pecado, que cometieron, contra Nuestro Padre común, y su ejemplar diácono.
San Esteban nos enseña que nuestra profesión de fe es incompleta si se reduce a la asistencia a las celebraciones de culto y a orar.
San Esteban nos enseña a servir a Dios solventando los problemas de sus hijos que sufren por cualquier causa, no de cualquier manera, sino, con excelencia.
San Esteban nos enseña a tratar a ricos, pobres, sanos, enfermos y marginados respetuosamente, porque, en ellos, mora el Dios Uno y Trino.
San Esteban nos enseña a no renunciar a profesar nuestra fe, cuando ello sea difícil para nosotros.
San Esteban nos enseña a pensar y actuar, no a nuestra manera, sino como lo haría Jesús, si viviera nuestras circunstancias actuales.
Oremos:
Espíritu Santo:
Porque te has manifestado en nuestra vida y nos has hecho partícipes de la fe predicada por Jesús, ayúdanos a conocer e interpretar, la Palabra de Dios, contenida en la biblia.
Porque deseamos imitar la conducta que observaron Jesús y los Mártires de nuestra fe, incítanos a vivir como auténticos cristianos, sirviendo a quienes sufren, por cualquier causa, en conformidad con nuestras posibilidades, de ayudarles.
Porque no sabemos orar (ROM. 8, 26), ayúdanos a pedirte lo que nos conviene para ser salvos, a actuar como discípulos de Jesús, y a agradecerte debidamente, los dones que nos has concedido.
Porque no queremos dejar de profesar la fe cristiana, sigue manifestándote en nuestra vida.
Para que quienes nos conocen vean en nosotros auténticos seguidores de Jesús, y quieran conocer y seguir al Mesías, sigue manifestándote en nuestra vida.
Quema nuestra imperfección con tu fuego, e ilumina nuestro camino con tu luz, para que podamos llegar a ser, testigos fieles, de Jesús Resucitado. Quedamos a la espera de que ello suceda, para que podamos contribuir a hacer de nuestra tierra, el cielo del Dios Uno y Trino.
2. Leemos atentamente MT. 10, 17-22, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 10, 16-22.
3-1. Hagamos nuestra la prudencia de las serpientes, y la sencillez de las palomas (MT. 10, 16).
Dado que Jesús no se amoldaba a la conducta que observaban los fariseos, era de esperar que, los tales, al verificar que los discípulos del Señor iniciaron su actividad de predicación evangélica y sanación de almas, actuaran contra ellos, como lobos feroces, sobre rebaños de ovejas. Ante los ataques de quienes los tendrían por enemigos, los discípulos de Jesús, debían acogerse a la protección divina, y no pensar que iban a vencer las dificultades que tuvieran, por sus propios medios.
Nosotros podemos vivir situaciones semejantes a las que debieron vivir los predicadores de Jesús, cuando fueron confrontados por sus opositores. En tales casos, no hemos de sentirnos apocados, sino actuar con la prudencia de las serpientes por lo que nos pueda suceder, y la sencillez de las palomas, porque una cosa es prevenir situaciones que nos puedan perjudicar, y otra cosa muy diferente es, tener a la gente por enemiga, sin que existan razones, que justifiquen una conducta que, además de impedirnos relacionarnos con la gente, termine perjudicando, la propagación de la Palabra de Dios.
3-2. Seamos prudentes (MT. 10, 17).
Cuando se desataron las persecuciones contra los cristianos a lo largo de la Historia, los discípulos de Jesús, además de ser maltratados y asesinados por sus persecutores, podían ser traicionados, por sus hermanos de fe, e incluso por sus familiares. Cuando Jesús les habló a sus discípulos de cómo actuarían contra ellos los tribunales paganos, también mencionó las sinagogas judías, ya que, sus hermanos de raza, fueron los primeros perseguidores, de los discípulos del Mesías.
Así como los problemas que tenemos son oportunidades de superarnos a nosotros mismos, las persecuciones son oportunidades de predicar el Evangelio y vivir cumpliendo la voluntad de Dios. No olvidemos que los que más saben padecer no son los que se lamentan constantemente ni los que se consagran a orar esperando que Dios les resuelva problemas que en ciertos casos pueden resolver por sus propios medios, sino quienes aprenden a superarse a sí mismos, y quienes permanecen firmes actuando en conformidad con sus convicciones, cuando se les pretende obligar, a que hagan lo contrario a sus creencias.
3-3. ¿Por qué han sido -y son- perseguidos los cristianos? (MT. 10, 18; 1 PE. 2, 19-21).
En un mundo en que se tiene tendencia a imitar el proceder de las mayorías y a no cuestionar a quienes ostentan el poder, quienes han arriesgado -y siguen arriesgando- su vida en defensa de sus convicciones políticas y/o religiosas, producen admiración y extrañeza. No olvidemos que grandes personajes como Jesús y Mahatma Gandhi, aunque no son imitados por millones de personas, han influenciado positivamente, a la humanidad.
3-4. ¿Cómo nos defenderemos cuando sea atacada la fe que profesamos? (MT. 10, 19-20).
Si somos conscientes de que somos cristianos porque el Señor nos ha elegido para que seamos sus discípulos (JN. 15, 16), no nos extrañará el hecho de que cuando nuestra fe sea atacada no tenemos que ocuparnos en preparar la defensa de la misma, porque ello le corresponde al Espíritu Santo, quien nos enviará a testimoniar nuestra esperanza, a los lugares que menos podamos imaginar, predicando el Evangelio y haciendo el bien, en las circunstancias que sepa que llevaremos a cabo la labor que nos encomiende, si nos dejamos inspirar por el Paráclito.
El hecho de que el Espíritu Santo nos inspire las palabras con que podemos defender nuestra fe en tiempos difíciles, no significa que debemos evitar preparar discursos elocuentes, sino que tenemos que impedir que la preocupación nos impida actuar, como se espera que lo hagan, los discípulos de Jesús. Recordemos que San Pablo nos incita a predicar el Evangelio, adaptándonos a las circunstancias personales de nuestros oyentes, y a nuestra realidad actual, sin modificar el mismo (COL. 4, 6).
Al recordar las biografías de los Mártires de la fe, comprobamos cómo los mismos, en lugar de preocuparse por sus vidas, se preocupaban por predicar el Evangelio, con el fin de que fuera aceptado, por sus persecutores. Mientras que a muchos nos cuesta un gran esfuerzo perdonar a quienes nos han ofendido, una enorme multitud de cristianos ha fallecido, perdonando a sus ejecutores, orando por los tales, e intentando convertirlos al Evangelio.
3-5. La traición de los familiares y amigos queridos, y la perseverancia (MT. 10, 21-22).
¿Cómo pudieron vivir los mártires siendo prudentes como serpientes al tener en cuenta que podían ser denunciados por sus familiares por ser cristianos, y siendo inocentes como palomas, para no eludir su responsabilidad de actuar, como buenos discípulos de Jesús? ¿Cómo se puede odiar una bofetada, y amar la mano que golpea? Estas preguntas solo pueden contestarlas quienes no reducen su fe a meros formalismos sociales, porque, los cristianos que no son contestados, son discípulos de Jesús, de dudable conducta.
Permanecer profesando nuestra fe hasta el final de nuestra existencia, no es el medio por el que seremos salvados, porque la salud de nuestras almas es dependiente del amor de Dios, pero es necesario que actuemos como buenos discípulos de Jesús, porque ello nos hace constatar que verdaderamente tenemos fe, nos ayuda a valorarnos como hijos de Dios, y abre al mundo a la posibilidad de aceptar a Nuestro Padre común, y profesar la fe que nos caracteriza.
3-6. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de dios expuesta en MT. 10, 16-22 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
¿Por qué era de esperar que los fariseos intentaran impedir que los discípulos de Jesús imitaran la manera de proceder de su Maestro?
¿Cómo se esperaba que actuaran los predicadores de Jesús al ser confrontados por los enemigos jurados del Mesías?
¿Cómo pudieron los Mártires confiarse a Dios en lugar de pensar en vencer sus dificultades por sí mismos, o en huir para evitar su exterminio?
¿Cómo actuaremos si se da el caso de que seamos confrontados por ser discípulos de Jesús?
¿Cómo podremos ser prudentes como serpientes?
¿Cómo podremos ser sencillos como palomas?
¿Podremos ser a un mismo tiempo prudentes como serpientes, y sencillos como palomas?
¿En qué sentido tenemos que confiar en la gente, y tomar precauciones, para no terminar siendo víctimas, de quienes se declaren enemigos nuestros?
¿Por qué nos cuidaremos para que la conducta que observemos con la gente no perjudique la propagación de la Palabra de Dios?
3-2.
¿De quiénes tuvieron que cuidarse los Mártires cuando se desataron persecuciones contra los cristianos a lo largo de los últimos veinte siglos?
¿Cómo advirtió Jesús a sus discípulos de que serían perseguidos por paganos y muchos de sus hermanos de raza?
¿Por qué son los problemas que tenemos oportunidades de superarnos a nosotros mismos?
¿En qué sentido son las persecuciones oportunidades de predicar el Evangelio y vivir cumpliendo la voluntad de Dios?
¿Quiénes son los que mejor saben padecer?
3-3.
¿Qué nos dice el considerado por los católicos como su primer Papa en 1 PE. 2, 19-21?
¿En qué se diferencian quienes defienden sus creencias aunque les cueste la vida de la mayoría de los habitantes del mundo?
¿Cómo han influenciado a la humanidad quienes han resistido a la presión del poder establecido y han logrado lo que se propusieron?
3-4.
¿Somos cristianos porque el Señor nos ha elegido para que seamos sus discípulos, o por nuestra voluntad?
¿Por qué no tenemos que preocuparnos por preparar la defensa de nuestra fe cuando la misma sea contestada?
¿Significa el hecho de que el Espíritu Santo hablará por nuestro medio cuando nuestra fe sea contestada, que no debemos ocuparnos en preparar la defensa de la misma, sirviéndonos de la formación espiritual que hayamos adquirido, a lo largo de nuestros intensos años de estudio y meditación de la Palabra de Dios?
¿Cómo deducimos que podremos predicar la Palabra de Dios, a partir del texto de COL. 4, 6?
¿Cómo consiguieron los Mártires de la fe preocuparse más por predicar el Evangelio que por sobrevivir a las circunstancias en que fueron arrestados, maltratados y asesinados?
¿Qué nos enseñan los Mártires de la fe a quienes tenemos dificultades para perdonar ofensas que, equiparadas a las circunstancias en que los tales sufrieron maltratos y fallecieron, carecen de importancia?
3-5.
¿Cómo pudieron los Mártires vivir siendo prudentes como serpientes al tener en cuenta que podían ser denunciados por sus familiares por ser cristianos, y siendo inocentes como palomas, para no eludir su responsabilidad de actuar, como buenos discípulos de Jesús?
¿Cómo se puede odiar una bofetada, y amar la mano que golpea?
¿En qué sentido son contestados quienes viven inspirados en la fe que profesan asumiendo todas las consecuencias que ello conlleva?
¿De qué depende nuestra salvación?
¿Por qué perseveraremos profesando nuestra fe mientras sigamos vivos, si nuestra salvación no depende de ello?
¿Qué beneficios son característicos del hecho de que profesemos la fe cristiana mientras vivamos?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos el capítulo 10 del Evangelio de San Mateo, intentando buscar la manera de que, el discurso misionero de Jesús, nos sirva para proceder, como buenos discípulos, de Nuestro Redentor.
6. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de Dios, expuesta en MT. 10, 16-22.
Comprometámonos a llevar a cabo alguna acción de la que sabemos que hará que quien beneficiemos se sienta feliz.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
7. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Señor Jesús:
Ayúdame a fortalecer la fe que he recibido de tu Espíritu Santo, para que, a través del estudio y meditación de tu Palabra, la práctica de tus obras de misericordia, y la oración, llegue a ser, un buen discípulo tuyo.
8. Oración final.
Leemos y meditamos el Salmo 17, pensando cómo procederemos, para ser mártires -o testigos- de Cristo Resucitado.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com