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Meditación para la Misa de medianoche de la Natividad del Señor.

   Meditación.

   Estimados religiosos y laicos, amigos y hermanos webmasters y lectores que hacéis posible el hecho de que mi trabajo en la red sea conocido:
   Os deseo a todos una feliz Navidad, y que Nuestro Padre común cumpla vuestras más profundas aspiraciones.
   En esta noche santa en que celebramos el Nacimiento de Nuestro Señor, quisiera exponeros tres textos evangélicos de una forma sencilla para que los puedan comprender adecuadamente quienes no tienen la costumbre de leer la Biblia y por tanto desconocen la Palabra de Dios, y, al mismo tiempo, sean útiles para quienes conocen la interpretación de los mismos. Espero que éste trabajo os sea útil a los catequistas, y a quienes en estos días os esforzáis por hacer que, ya sea donde trabajáis como misioneros, o en vuestros lugares de residencia, muchos puedan conocer vuestra esperanza cristiana.

   1. La Encarnación del Verbo divino. La Anunciación.

   (LC. 1, 26-27). Un "espíritu" es un ser inmaterial (incorpóreo) dotado de razón. La tradición cristiana llama "ángeles" a los espíritus que Dios ha creado para que lo sirvan. Algunos ángeles han actuado como mensajeros de Dios que han mediado entre Él y los hombres. Tanto los judíos como los cristianos creemos que los ángeles se dividen en "tres jerarquías", cada una de las cuales se compone de tres coros. Las nueve órdenes de ángeles componen la "corte celestial". La primera jerarquía que llamamos "Suprema", incluye a los "serafines", que se caracterizan por su amor, luz y ardor purificador, los "querubines", que se caracterizan por su ciencia plena con que pueden ver y contemplar la belleza divina, y los "tronos", que están capacitados para conocer las razones que justifican la forma que Dios tiene de actuar, es decir, el por qué, el cómo, el dónde y cuándo debe actuar Yahveh en determinadas circunstancias.
   Los serafines aparecen en el siguiente texto bíblico: (IS. 6, 1-8). Isaías, según la creencia de su pueblo, tuvo miedo de estar en la presencia de Dios, porque los hijos de su pueblo creían, que, al ser pecadores, si veían a Dios, serían eliminados por la implacable justicia divina. Vemos cómo un serafín cumplió en el citado Profeta mayor la misión que caracteriza a los espíritus del primer coro de la primera jerarquía angélica, según vimos anteriormente. Notemos que, cuando el Profeta se sintió purificado, dejó de tener miedo, y quiso servir a Dios.
   Veamos algunas apariciones de querubines en la Biblia: Después de que Adán y Eva comieran del fruto prohibido desobedeciendo a Dios y de que tanto ellos como Satanás fueran debidamente castigados por ello, sucedió lo escrito en GN. 3, 22-24. Ya que el hombre eligió la posibilidad de alcanzar la perfección por sus propios medios en lugar de esperar que Dios lo hiciera superarse escatimándole el sufrimiento, Éste había de verse privado de Dios en cierta forma, hasta que comprendiera que no podía superarse lejos de su Criador. En este texto aparecen querubines ejecutando una acción divina que puede ser considerada superflua por quienes ven en Nuestro Padre celestial a un Dios de amor incapaz de aplicarnos su justicia, como si el amor y el juicio divinos no fueran compatibles, así pues, los citados ángeles aparecen ejecutando una acción que tenía su justificación, una acción de la que ellos conocían la causa por la que tenían que llevarla a cabo (SAL. 80, 1; 18, 4-10). El Salmista describió su aflicción, y explicó de una forma fantástica la manera que Dios tuvo de auxiliarlo, y nos dice que Dios cabalgó sobre un querubín, porque, mientras que los judíos concebían a los demás ángeles como si fueran semihumanos, creían que los componentes del segundo coro de la primera jerarquía angélica eran semianimales. La ciencia característica de los querubines los hace aparecer en la Biblia como conocedores del lenguaje simbólico de Dios y como encargados de conducir a Dios a donde Él quiera dirigirse.
   A continuación vamos a recordar los textos bíblicos cuyas descripciones hicieron en gran medida que los ángeles fueran introducidos por los  artistas en la historia del arte (EZ. 1, 4-28 y 10, 3-22).
   El último coro de la primera jerarquía angélica se compone de tronos, conocedores de las razones divinas.
   La segunda jerarquía llamada "Media" porque está entre la primera y la tercera, se compone de "dominaciones", encargadas de la repartición de los bienes espirituales, "potestades" que ordenan las actuaciones de los espíritus superiores sobre los inferiores, y "virtudes", que se caracterizan por su fuerza extraordinaria para cumplir las operaciones divinas.
   La tercera jerarquía llamada "Inferior" se compone de "principados", príncipes de todas las virtudes celestiales y cumplidores de los mandatos divinos, "arcángeles" entre los cuales los más citados son: Miguel, Gabriel, y Rafael, y "ángeles".
   Gabriel es el arcángel que le anunció a Nuestra Señora su Maternidad divina.
   Llamamos "ángeles custodios" a aquellos que, desde el momento en que nacemos, Dios pone a nuestro servicio, para que nos protejan, y nos conduzcan a su presencia.
   Sigamos meditando la Encarnación del verbo divino.
   San Lucas, según vimos al principio de esta reflexión, comenzó su relato diciéndonos que la Anunciación aconteció seis meses después de que San Gabriel le anunciara a Zacarías que iba a ser padre de San Juan el Bautista. El Sagrado Hagiógrafo nos habla también de que dicho arcángel fue enviado a una ciudad de la región de Galilea llamada Nazaret. La región de Galilea está situada al norte de Israel. En el tiempo que vivió Jesús en Palestina, dicha región era una provincia romana que comprendía la parte septentrional del país, al oeste del río Jordán y el lago Tiberíades. Nazaret está en la baja Galilea cerca de Haifa.
   Decimos que son vírgenes las personas que nunca han mantenido relaciones sexuales, y, en el caso de la Madre de Jesús y las religiosas, le han consagrado su vida a Dios.
   El desposorio era una ceremonia religiosa mediante la cuál un hombre y una mujer se comprometían a casarse después de que transcurriera un año a partir de la celebración de dicho acuerdo. Las mujeres no podían elegir a sus futuros cónyuges, pero sus padres (no sus madres) o tutores eran los encargados de prometerlas en matrimonio.
   Con respecto a San José, casi toda la información que tenemos sobre él, procede de los dos primeros capítulos de los Evangelios de San Mateo y San Lucas. En  algunos pasajes evangélicos se menciona al padre putativo de Jesús como el padre de Nuestro Señor, mientras que en otros se dice de él que era carpintero o artesano (Vé. MT. 13, 55; LC. 3, 23). La Iglesia Católica celebra el día de San José el diecinueve de marzo, mientras que la Iglesia Ortodoxa lo celebra el primer Domingo después de Navidad.
   Sabemos que el Patriarca Abraham tuvo un hijo al que llamó Isaac, del cuál nació Jacob, uno de cuyos doce hijos se llamó Judá, de cuya ascendencia fue el rey David, y, del padre de Salomón, ascendieron San José y la Virgen María.
   (LC. 1, 28). En la Teología cristiana, la "gracia" es un favor no ganado, que Dios les concede a quienes se dejan redimir y santificar por Él. En el Nuevo Testamento, la palabra griega "charis" (gracia), se aplica casi exclusivamente a Cristo, porque, a través de su muerte expiatoria, quienes creyeran en Dios y en la redención, creían que serían favorecidos por Dios ilimitadamente, una vez fuera concluida la instauración del Reino divino en el mundo.
   A finales del siglo IV surgió en la Iglesia un conflicto con respecto a lo que los creyentes deberían entender que eran el pecado y la recepción de la gracia y el modo de actuar de la misma en ellos. El conflicto fue protagonizado por el teólogo británico Pelagio y San Agustín de Hipona. Aunque la opinión del segundo prevaleció sobre el pensamiento del primero, aún en nuestros días muchos católicos apoyamos la doctrina del citado teólogo, y yo, en mi intento de transmitiros los hechos tal como acontecieron con el fin de que vosotros tengáis vuestra propia opinión con respecto a los mismos, no quiero influir en vosotros de la misma forma que actúan los líderes sectarios que sienten que tienen el monopolio de la verdad, y que tienen la razón en todo lo que piensan, por lo que el mundo tiene que rendirse ante ellos.
   Pelagio afirmaba que todos somos pecadores, por lo que necesitamos la gracia divina, a fin de que nos sean perdonadas nuestras transgresiones en el cumplimiento de los mandamientos divinos. Pelagio decía que todos podemos resistirnos a la acción salvadora que la gracia opera en nosotros, porque Dios nos ha hecho libres, lo cuál significa que podemos amar y obedecer a Nuestro Padre común, o rebelarnos contra Él. Hemos recibido la gracia de Dios a través de las enseñanzas de Nuestro Maestro y el ejemplo que Él nos dio, por lo cuál estamos capacitados para conocer el bien y el mal. La salvación será el premio de quienes obedezcan a Dios como personas libres que, haciendo uso de su libertad, elijan hacerse siervos de Nuestro Creador.
   Por su parte, San Agustín, aunque también creía que todas las personas somos libres para servir a Dios, pensaba que tenemos el grave problema consistente en que la mancha del pecado original se transmite de padres a hijos por el acto de la procreación, un hecho que considero imposible, porque el pecado no es un defecto físico. Según San Agustín, ya que estamos incapacitados para evitar el hecho de pecar, si queremos ser salvos, tenemos que recibir la gracia de Dios la cuál es irresistible, ya que la misma nos es dada en la Persona de Cristo, y únicamente la podemos recibir por mediación de la administración de los Sacramentos por el ministerio de la Iglesia. Aunque los receptores de los Sacramentos pueden pecar, si son elegidos por Dios para ser salvos, perseveran y logran su objetivo, no por sus méritos, no por sus obras o sus buenas acciones, sino por la acción de la gracia triunfante del Todopoderoso.
   En la Edad Media, Santo Tomás de Aquino afirmó que el reino de la naturaleza puede ser conocido mediante la razón, mientras que el reino de lo sobrenatural sólo puede comprenderse por mediación de la gracia de Dios que nos revela la verdad. Este Santo relegó la teoría agustiniana al reino de lo sobrenatural, alegando que la razón no está manchada por el pecado, y produce el conocimiento, siempre que dicho conocimiento no contradiga las realidades sobrenaturales, ya que la gracia no contradice ni suplanta a la naturaleza, pues lo único que hace es perfeccionarla.
   Santo Tomás conceptualizó la gracia de manera que la misma puede parecer inalcanzable.
   La "gracia justificadora" -o "de la elevación"- consiste en facilitar que los creyentes sean elevados al reino de la gracia, curiosamente, a través de un acto de gracia.
   La "gracia santificante" consiste en la consagración de quienes la reciben a Dios y en la vivencia en comunión del Todopoderoso con ellos.
   La gracia es "permanente" -o "habitual"-, si consideramos que es irresistible, y nos ayuda a vivir una vida ejemplar consagrada a Dios.
   La "gracia verdadera" es recibida en raras ocasiones por quienes realizan actos heroicos con tal de no perder su fe.
   El Escolasticismo teológico vinculó la gracia exclusivamente al orden sacramental, lo cuál justifica el hecho de que debamos recibir los Sacramentos, con el fin de que podamos recibir en cada momento de nuestra vida la gracia que necesitemos para mantenernos firmes en la profesión de nuestra fe.
   San Gabriel felicitó a Nuestra Señora diciéndole que Dios estaba con ella.
   ¿Sabemos que Dios está con nosotros?
   ¿Creemos esta realidad?
   ¿De qué forma podemos sentir la presencia de Dios en nuestra vida?
   Aunque no podemos ver a Dios personalmente, sabemos que Él está con nosotros cuando nos fortalece e incluso en algunas ocasiones nos ayuda a superar nuestras dificultades, cuando nos acaecen hechos que no podemos explicarnos, cuando solucionamos problemas que parecían obstáculos insalvables.
   (LC. 1, 29). Según palabras de María, ella sabía que, por haber sido elegida por Dios para ser Madre de su Hijo, según dijo en su oración en casa de Isabel, (LC. 1, 48), pero, a pesar de esta realidad, Ella debió preguntarle a Nuestro Padre y Señor: ¿Por qué me has elegido a mí, si en éste país hay mujeres más aptas que yo para llevar a cabo la misión que me has encomendado?
   Los católicos nos alegramos porque sabemos que los Sacramentos que hemos recibido son un regalo divino, y nos alegramos inmensamente de que Dios nos haya considerado dignos de recibirlos, pero esos signos del amor de Dios no son una dádiva únicamente, pues también son el compromiso de predicar la Palabra de Dios y de vivir como verdaderos hijos de Nuestro Padre común.
   ¿Qué significaba el saludo con que Gabriel se dirigió a María? El arcángel le dijo: (LC. 1, 31-33). Gabriel le dijo a María que concebiría y daría a luz a un Hijo a quien le pondría el nombre de Jesús.
   ¿Cómo podría ella quedarse embarazada sin haber mantenido relaciones conyugales con su futuro marido?
   ¿Cómo reaccionaría José al saber que su prometida estaba embarazada, y que él no era el padre del Hijo que ella esperaba?
   ¿Por qué sabemos que María no mantuvo relaciones sexuales antes ni después de que nació su primogénito? (LC. 1, 34). El verbo "conocer" empleado por la joven Virgen no se ha de interpretar como que no conocía a ningún hombre, sino como indicativo de que no había mantenido relaciones sexuales. Por otra parte, Isaías profetizó que el Mesías nacería de una virgen, en los siguientes términos, expuestos en IS. 7, 14.
   ¿Qué significa "Emmanuel"? (MT. 1, 23).
   ¿Fue Jesús el primogénito de María? (LC. 2, 7). Por causa de la traducción de las palabras empleadas para describir a los posibles hermanos de Jesús, no sabemos si los mismos fueron hermanos o parientes cercanos de nuestro Señor, aunque si nos atenemos a MT. 1, 24-25, podemos creer que dichos personajes eran hijos suyos, a menos, claro está, que ignoremos que la Biblia dice que eran primos del Mesías. Disculpad la confusión que os he creado, pero he hecho esto para que os cuidéis de las sectas que buscan la forma de acabar con la fe de los católicos, con la intención de que, al desaparecer nosotros, puedan unir a sus filas a nuestros hermanos de fe universal.
   ¿Se conocen los nombres de los hermanos del Señor? Se conocen los nombres de los hombres, aunque no se conocen los de las mujeres. Dos de los hermanos de Jesús, Santiago y Judas, fueron autores de dos Cartas Católicas, las cuales llevan sus respectivos nombres (MT. 13, 55-56).
   ¿Quién es el Espíritu Santo? El Paráclito o Defensor es la tercera Persona de la Santísima Trinidad. El Concilio de Nicea celebrado el año 325, condenó a Arrio por defender una ideología que llegó a conocerse como arrianismo, según la cuál, Jesucristo no era igual al Padre, y por consiguiente tampoco era coeterno con Él, es decir, Arrio creía que Jesús había sido creado por Dios. El Concilio de Constantinopla del año 381 condenó la prolongación lógica del arrianismo, según la cuál el Espíritu Santo había sido creado por Jesús. El Concilio declaró:
   “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre. Junto con el Padre y el Hijo recibe adoración y gloria”.
   A Partir del siglo IX la Iglesia empezó a creer que el Espíritu Santo procede tanto del Padre como del Hijo, lo cuál hizo que surgieran discordias entre católicos y ortodoxos.
   (LC. 1, 35). Como buenos cristianos, creemos que recibimos el Espíritu Santo cuando somos confirmados, a fin de que seamos convertidos en testigos oculares o soldados de Nuestro Rey y señor, pero si alguien nos preguntara:
   ¿Cómo sabéis que tenéis el Espíritu Santo?
   ¿Sentís algo que  confirme lo que creéis con respecto a tener el Espíritu Santo en vuestra vida?
   ¿Qué le diríamos?
   El Espíritu Santo irrumpe en nuestra vida rompiendo los moldes a los que debe adaptarse cualquier persona, -es decir, marcando la diferencia en el mundo que rechaza a Dios-. Recordemos la profecía de Isaías que Jesús hizo que se cumpliera en Él: (IS. 61, 1-3).
   ¿Cómo cubrió el Espíritu Santo a María con su sombra? No creamos que la protección que Dios ejerce sobre nosotros es una especie de talismán que nos evita el sufrimiento, así pues, de la misma forma que el Espíritu Santo ayudó a Nuestra Santa Madre a afrontar las vicisitudes de su vida, así también nos ayudará a nosotros a perseverar hasta el fin sin que perdamos la fe (SAL. 51, 12-14).
   San Gabriel le dijo a María que su Hijo llegaría a ser Santo. ¿Quiénes son los Santos? (COL. 1, 1-2). Aunque San Pablo llamaba "santos" a todos los cristianos, la Iglesia restringió el citado término para designar a quienes han sido virtuosos hasta alcanzar un grado heroico. La tradición ha jerarquizado a los Santos en varias categorías: "Apóstoles" y "Evangelistas", "mártires", y "confesores" (los que sufrieron prisión o fueron torturados sin llegar al martirio). Tiempo después surgieron más categorías de Santos: "doctores" (hombres cuyas virtudes eran sobresalientes), "vírgenes", matronas y viudas, todas ellas dedicadas al aprendizaje sagrado. La práctica de venerar a los Santos surgió en el siglo IV.
   Sigamos meditando el pasaje evangélico de la Anunciación.
   (LC. 1, 36-37). El hecho de que Isabel estaba encinta y de que era de edad avanzada, había de confirmar la fe de María. El mundo nos dice a quienes predicamos muchas veces que tiene que ver manifestaciones de Dios para poder creer en Nuestro Padre común.
   (LC. 1, 38). Gracias a Dios y al empeño de muchos religiosos y laicos, muchos cristianos se preparan adquiriendo el conocimiento de Dios para recibir los Sacramentos, y se gozan por ello cuando reciben los signos que les demuestran que Nuestro Padre común les ama, pero, a pesar de dicha alegría, su fe es probada muchas veces, de manera que en algunas ocasiones se fortalece, y en otros casos se debilita o se acaba extinguiendo. De igual manera, María se alegró mucho cuando San Gabriel le anunció su futura Maternidad, pero, ¿cómo afrontaría el hecho de comunicarle a su prometido que estaba embarazada, y que él no era el padre de su Hijo?
   ¿Qué haría José al conocer aquél hecho?

   2. El sueño de José.

   (MT. 1, 18-19). ¿Qué tenía que hacer José con María por haber cometido supuestamente adulterio contra su persona? (LV. 20, 10; 18, 20. DT. 5, 18. EX. 20, 14. DT. 22, 13-21).
   Una forma más moderna de descubrir a las adúlteras (y de asesinar a las inocentes) consistía en hacerlas ingerir agua envenenada, una forma machista y despiadada de solucionar rápidamente los problemas de adulterio beneficiando exclusivamente a los hombres.
   (MT. 1, 20-21). ¿Cómo salvó Jesús a su pueblo de sus pecados? San Pablo respondió esta pregunta, en los siguientes términos: (1 COR. 15, 3-4). Por su parte, Isaías profetizó: (IS. 53, 5. 11-12).
   En el Salmo 130, leemos: (SAL. 130, 6-8).
   ¿Redimirá Dios a toda la humanidad, o únicamente salvará a los miembros del antiguo pueblo de Israel? Estudiando superficialmente la Biblia, cualquier persona puede percatarse de que el paraíso terrenal en que vivieron Adán y Eva no estaba en Israel, sino en Irak. Esto podemos saberlo gracias a las descripciones del citado territorio que hizo el Hagiógrafo sagrado. Al leer GN. 11, 28, vemos que Abram, quien posteriormente llegó a ser llamado por Dios Abraham (GN. 17, 5), según San Pablo, llegó a ser padre de todos los creyentes (ROM. 4, 16-17), no era judío, pues procedía de Ur, una antigua ciudad de Mesopotamia situada aproximadamente entre la actual ciudad de Bagdad y el extremo del golfo Pérsico, al sur del curso bajo del río Eufrates, en el borde del desierto llamado de al-Hajarah. En un principio, el pueblo de Dios estuvo constituido por los descendientes de los Patriarcas, aunque Jesucristo incluyó en el mismo a los gentiles.
   (MT. 1, 22-25).

   3. El Nacimiento de Jesús.

   (LC. 2, 1-3). José tuvo que llevar a María a Belén con el fin de empadronarse, y en aquella ciudad, según una antigua profecía, nació nuestro Redentor (MI. 5, 2).
   Permanezcamos junto a la Sagrada Familia y los pastores adorando al Niño de Dios, y concluyamos esta meditación dándole gracias a Dios por acordarse de darnos la oportunidad de vivir en su presencia. Démosles gracias también a Jesús por no escatimar su vida en beneficio nuestro, a María por ser Corredentora en virtud de su dolor y gozo, y a José por hacerle de Padre al Dios que es Padre de todos nosotros.

José Portillo Pérez
joseportilloperez@gmail.com