Fiesta del Bautismo del Señor (Domingo siguiente a la Epifanía del Señor).
Ciclo A.
Jesús empezó a llevar a cabo su misión evangelizadora cuando fue ungido por el Espíritu Santo.
Ejercicio de Lectio Divina de MT. 3, 13-17.
Lectura introductoria: IS. 63, 16.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
El Bautismo de Jesús, es la fiesta con que la Iglesia culmina las celebraciones navideñas, y, al mismo tiempo, también es el Domingo I del Tiempo Ordinario. Para comprender el significado de esta fiesta, no hemos de olvidar que la Navidad fue instituida con la intención de recordarnos el misterio pascual, así pues, el Niño que adoramos la noche de Navidad, es el Redentor de las naciones.
Dado que los temas que pueden ser considerados en esta ocasión son muy amplios, y de los mismos se derivan otros temas, es necesario que los abordemos con profundidad y sencillez, evitando olvidar lo esencial de esta fiesta.
Si vamos a reflexionar sobre nuestro bautismo, cuidémonos de no ignorar el Bautismo epifánico de Jesús, un episodio evangélico en que se nos muestra la Divinidad del Hijo de Dios y María.
Cuidémonos de distinguir el bautismo de conversión -o penitencia- de San Juan Bautista del Bautismo de la Iglesia, el cual es más asimilable a la recepción del Espíritu Santo por parte de los Apóstoles en Pentecostés que a la penitencia.
Para los Evangelistas es más importante el hecho de que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo como Profeta, Sacerdote y Rey, que la supuesta purificación del Señor por medio del agua del Jordán, porque Jesús no estuvo relacionado con el pecado (HEB. 4, 15), y los citados Hagiógrafos sagrados estaban interesados en hacer destacar la Divinidad del Mesías.
El Bautismo de Jesús, antes que el ejemplo de perfecta moralidad de quien jamás pecó o una catequesis, es un misterio de salvación. El Hijo de Dios y María no empezó a llevar a cabo su misión antes de ser bautizado.
Jesús no se bautizó porque fue pecador, sino en atención al orden jurídico de su sociedad. Esa fue la razón por la que también fue presentado en el Templo de Jerusalén, como recordamos el uno de enero y el dos de febrero (LC. 2, 21-24).
El Bautismo cristianos se diferencia del Bautismo recibido por Jesús, en el sentido de que, la perfección que esperamos adquirir por medio de nuestro proceso de formación, de práctica de lo que aprendamos y de nuestro tiempo de oración, caracterizaba al Mesías, por ser Hijo natural de Yahveh.
Orar es imitar la humildad de Jesús, quien, en vez de buscar a Dios en las alturas o de iniciar su misión amparándose en las riquezas de quienes podían cubrir los gastos característicos de su Ministerio, se acercó a un personaje molesto para los fariseos y saduceos, cuya predicación avivó la esperanza de un pueblo que sufría porque llevaba cuatro siglos sin que Dios le enviara profetas, y se sabía pecador y despreciado por el Todopoderoso.
Orar no es buscar el crecimiento de la fe exclusivamente en la quietud (no confundamos la quietud con el quietismo, porque la primera nos es necesaria, y el segundo nos hace insensibles al sufrimiento de nuestros prójimos los hombres), en los ratos de meditación y oración inconscientes del sufrimiento del mundo, si no servimos a quienes nos necesitan. Nuestra fe no crece si evitamos meditar y orar, pero tampoco se ejercita si no somos caritativos.
¿Podemos evitar pedirle a Dios que nos dé toda clase de dádivas pensando en que antes sean extinguidas las carencias del mundo? San Juan Bautista, en lugar de ser un predicador deseoso de tener poder, riquezas y prestigio, era consciente de su pequeñez si se comparaba con Jesús, y por eso se consideraba indigno de bautizar al Hijo de Dios y María. A la humildad del Dios hecho Hombre que inició su Ministerio público poniéndose en la cola de los pecadores, le correspondió el desprecio de sí mismo de quien consideraba que no tenía valor ante el Enviado de Dios. Distingamos la humildad cristiana del maltrato con que muchos judíos y cristianos se han despreciado a lo largo de la Historia.
Jesús se dejó bautizar por San Juan Bautista, porque no quería diferenciarse de la multitud. ¿Trabajamos para extinguir la marginación que causa sufrimiento inútil?
Oremos para que el Espíritu Santo habite en nosotros, y dejemos que nuestra voz sea la voz de Dios, y nuestras manos sean las manos de Jesús, para que, nuestras palabras y obras, les enseñen a nuestros prójimos los hombres, que seguir a Jesús no merece la pena, sino la vida.
Oremos:
Espíritu Santo:
Hoy te invoco para agradecerte los dones y virtudes que me has concedido, y para pedirte que me ayudes a ser consciente de quién soy, qué soy, quiénes me rodean, y agradecerte el hecho de que siempre estás conmigo, aunque siento que te he tratado como a un desconocido.
Quiero ser más y tener más, y por eso no te tengo presente en mi vida. El niño que fui un día quiso ser un adolescente que posteriormente quiso ser adulto. El adulto que soy ha cedido en más de una ocasión ante el miedo a la pobreza y la codicia de quienes, aunque tienen muchas riquezas, no desechan el temor a perderlas.
Recuérdame que las personas somos más importantes que los bienes materiales, y que mi vida tiene un propósito.
Recuérdame que al final de mi vida tendrán más valor los momentos compartidos, los abrazos dados y recibidos, y el bien hecho desinteresadamente, que el dinero que perderé, y el poder y el prestigio que, a fin de cuentas, no me servirán para tener un segundo más de vida, cuando Dios me llame a su presencia.
2. Leemos atentamente MT. 3, 13-17, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 3, 13-17.
3-1. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara (MT. 3, 13).
Vivir cumpliendo la voluntad de Dios supone el hecho de pagar un precio. Jesús viajó de Galilea al Jordán para pedirle a Juan que lo bautizara. A nosotros se nos pide que nos formemos a fin de que podamos conocer a Dios, que hagamos el bien para cumplir la voluntad divina, y que oremos para fortalecer nuestra relación con el Dios Uno y Trino.
El cumplimiento de la voluntad divina tiene sentido para nosotros. Jesús buscó a Juan para que lo bautizara, y cumplimos la voluntad de Dios porque es de bien nacidos el ser agradecidos, y porque el bien que les hacemos a otros repercute en nuestra felicidad, partiendo de la satisfacción que nos aporta el hecho de compartir las dádivas que nos han sido concedidas por Dios.
3-2. La humildad de Jesús y San Juan Bautista (MT. 3, 14).
Juan era consciente de que mucha gente reaccionaba positivamente a su mensaje, y de que tenía enemigos. También sabía que el trabajo que hacía no era para sí mismo, sino para prepararle el camino al Mesías (MT. 3, 3). El inicio del Ministerio público de Jesús, puso a prueba la integridad del Bautista, quien se esforzó en hacer que sus seguidores lo dejaran, y siguieran a Aquel cuya venida predicó infatigablemente. Juan se consideraba inferior al Señor al compararse con Jesús, y por consiguiente se consideraba indigno de bautizar al Señor. Por su parte, Jesús, que no quería diferenciarse de sus hermanos de raza, quería recibir el bautismo de penitencia de Juan. He aquí dos concepciones del Mesías diferentes. Por una parte, Juan, que esperaba a un Mesías justiciero y poderoso, a quien se consideraba indigno de servir, no quería bautizar a Jesús, y, el Hijo de Dios y María, quien no quería diferenciarse de sus prójimos los hombres, quería recibir el bautismo del hijo de Zacarías y Elisabeth. Juan no era soberbio, pero su concepción del Mesías ha sido adoptada por líderes religiosos soberbios, que han hecho lo imposible para alcanzar poder, riquezas y prestigio, a lo largo de la Historia. En lo que respecta a nosotros, seamos seguidores de Jesús, e imitemos la conducta de Nuestro Redentor, para quien no existen diferencias sociales.
3-3. Jesús cumplió el designio divino, e inició su Ministerio público al ser bautizado por Juan, y ungido por el Espíritu Santo (MT. 3, 15).
Juan tenía muy claro el hecho de que el Bautismo de Jesús era superior al suyo, por cuanto el rito que él practicaba se efectuaba después de que sus oyentes se arrepintieran de sus pecados y adoptaran el firme propósito de cumplir la voluntad divina, y el Bautismo de Jesús hacía hijos de Dios a quienes lo recibían.
¿Por qué se bautizó Jesús?
1. Jesús es presentado en el Antiguo Testamento como el siervo de Yahveh profetizado en la Profecía de Isaías, el cuál cargó sobre sí los pecados de su pueblo (IS. 53, 5).
2. El Bautismo de Jesús, supuso el inicio del Ministerio público del Mesías.
3. El Señor se identificó con la gente que rechazaba la hélite religiosa de Israel, asemejándose a los Profetas del Antiguo Testamento que fueron ejecutados por predicar la justicia divina, consistente en la extinción de las diferencias sociales.
4. Al iniciar su Ministerio público, Jesús comenzó a prepararse para su Pasión, su muerte, su Resurrección y su Glorificación.
Jesús no tenía por qué bautizarse dado que jamás pecó, pero fue así como le manifestó su obediencia a Yahveh, quien le manifestó su aprobación.
Jesús le dijo a Juan que era conveniente que cumplieran toda justicia, y por eso el predicador del Jordán no opuso más resistencia a bautizarlo. Tal cumplimiento de toda justicia significa que Jesús vino al mundo para cumplir el designio divino de redimir a sus creyentes.
3-4. El Espíritu Santo ungió a Jesús (MT. 3, 16).
Jesús salió del agua cuando fue bautizado. La inmersión en agua respecto del bautismo de Juan significa la aceptación del cumplimiento de la voluntad divina. Aunque Jesús jamás cometió pecado alguno, no quiso diferenciarse de los transgresores de la Ley divina, y por ello no fue ungido por el Espíritu Santo, antes de recibir el bautismo penitencial de Juan.
Cuando Jesús salió del agua, se abrió el cielo. Esto significa que terminaron los cuatro siglos durante los que no apareció en Israel ningún profeta. Jesús fue el Enviado de Dios que estableció un pacto definitivo entre Dios y los hombres.
El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma corporal de paloma. En el Antiguo Testamento, la paloma es la imagen del amor íntimo. En GN. 1, 2, se afirma que el Espíritu Santo se cernía sobre las aguas, y se le concibe como paloma que volaba sobre su nido. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús, indicando que el Mesías es la plenitud a la que algún día llegará la humanidad redimida. Para los rabinos, la paloma era signo de amor puro e inocencia. El hecho de que el Espíritu Santo se posara sobre Jesús, indica que dio testimonio del Hijo de Dios y María, y no de Juan.
3-5. La voz del Padre (MT. 3, 17).
Cuando el Espíritu Santo descendió sobre Jesús, la voz del Padre afirmó que el Mesías es su Hijo, en quien se complace. Oremos para que la voz de Dios, que percibimos por medio de la Biblia, la predicación de la Iglesia y la oración sincera, jamás deje de guiar nuestras vidas.
Dado que Jesús jamás cometió pecado alguno, entre los primeros cristianos no se comprendía bien por qué el Señor se dejó bautizar por Juan Bautista. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María? Era difícil -y aún lo sigue siendo- aceptar como creíble un ejemplo de humildad tan extraordinario como lo fue Jesús, tanto para los primeros cristianos, como para sus creyentes de siglos posteriores, y nosotros.
3-6. Si hacemos este ejercicio de Lectio Divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-7. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 3, 13-17 a nuestras vidas.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
1. ¿Por qué supone pagar un precio el hecho de vivir cumpliendo la voluntad de Dios?
2. ¿Para qué viajó Jesús desde Galilea al Jordán?
3. ¿Qué tres cosas hemos de hacer para llegar a ser los cristianos que Dios desea?
4. ¿Qué nos sucederá si nos formamos adecuadamente?
5. ¿Qué nos sucederá si hacemos el bien?
6. ¿Qué nos sucederá si nos habituamos a orar?
7. ¿Por qué tiene sentido para nosotros el cumplimiento de la voluntad divina?
8. ¿Por qué cumplimos la voluntad de Dios?
3-2.
9. ¿Por qué no se aprovechó San Juan Bautista de sus oyentes para ganar dinero?
10. ¿Para qué predicaba San Juan Bautista?
11. ¿En qué sentido fue probada la integridad de San Juan Bautista cuando Jesús inició su Ministerio público?
12. ¿Por qué quiso Juan que sus seguidores lo dejaran y se fueran detrás de Jesús?
13. ¿Por qué se consideraba Juan inferior a Jesús?
14. ¿Por qué quiso Jesús recibir el bautismo de penitencia de Juan, si no era pecador?
15. ¿En qué se diferencia el mesías esperado por Juan de Jesús?
3-3.
16. ¿Por qué era el bautismo de Juan inferior al Bautismo de Jesús?
17. ¿Por qué se bautizó Jesús?
18. ¿Qué significa el hecho de que Jesús cargó sobre Sí los pecados de su pueblo?
19. ¿Por qué se identificó Jesús con la actitud de muchos Profetas del pasado, y no se equiparó a quienes hubieran podido correr con los gastos ocasionados por su Ministerio público?
20. ¿Por qué bautizó Juan a Jesús?
21. ¿Qué significa el cumplimiento de toda justicia del que Jesús le habló a Juan?
3-4.
22. ¿Qué significaba el agua en el bautismo de Juan?
23. ¿Por qué no fue ungido Jesús por el Espíritu Santo antes de ser bautizado por Juan?
24. ¿Qué significó la apertura del cielo cuando Jesús salió del agua?
25. ¿Por qué descendió el Espíritu Santo sobre Jesús adoptando la forma corporal de una paloma?
26. ¿Por qué es importante subrayar el hecho de que el Espíritu Santo dio testimonio de Jesús y no de Juan cuando descendió sobre el Señor?
3-5.
27. ¿Por qué se complace Nuestro Santo Padre en Jesús?
28. ¿Se complace Nuestro Santo Padre en nosotros? ¿Por qué?
29. ¿Se bautizó Jesús porque era pecador, o porque Juan Bautista era superior al Hijo de María?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos MT. 3, 1-17, para comprender el marco en que Jesús se bautizó, e inició su Ministerio público.
6. Contemplación.
Contemplemos a Jesús caminando al encuentro de Juan para ser bautizado, y visualicémonos intentando mejorar en todos los campos en que nos desenvolvemos, e intentando darles sentido a los acontecimientos que vivimos.
Jesús quiso ser bautizado por un hombre polémico para quienes vivían a costa de la miseria y el miedo de la inmensa mayoría de sus hermanos de raza. Siguiendo la predicación del Papa Francisco, se nos insta a no acomodarnos en las iglesias que utilizamos como zonas de confort, pues es necesario que los cristianos prediquemos desde nuestros templos hacia afuera, con nuestras palabras y obras. No ignoremos que el mundo necesita algo más que la pronunciación de bellas palabras para lograr creer en Dios, venciendo la desconfianza que produce en nosotros, el hecho de recordar los pecados que han cometido muchos cristianos, a lo largo de la Historia.
Contemplemos a Jesús y a Juan amándose, admirándose y no aplastándose. Cuando un líder religioso se esfuerza más por tener poder, riquezas y prestigio que por ser un buen seguidor de Jesús, les hace mucho daño a sus seguidores, y hace difícil el hecho de que la gente siga creyendo en Dios. Algo parecido nos pasa a los cristianos laicos, aunque el alcance de nuestros pecados no es tan grande como sucede en el caso de los religiosos, desde el punto de vista de nuestras sociedades.
Jesús convenció a Juan para que lo bautizara, diciéndole que era necesario que se cumpliera todo lo dispuesto por Dios. Oremos y trabajemos para cumplir prescripciones religiosas con sensatez, y no actuando como fanáticos incapaces de pensar.
El Espíritu Santo no descendió sobre Jesús para concederle una vida fácil, sino para ayudarle a sufrir con los marginados del mundo. Dios no nos concede una vida libre de sufrimiento a sus creyentes, pues es necesario que no lo sigamos por interés, y que los no creyentes no nos vean como privilegiados. Aunque nuestras vidas no son diferentes de las vidas de los no creyentes, el sentido que le damos a nuestras vivencias marca la diferencia.
Oremos para que la unción del Espíritu Santo y la voz del Padre nos confirmen en el cumplimiento de la voluntad divina.
José Portillo Pérez.
joseportilloperez@gmail.com
En este blog encontraréis meditaciones para crecer a los niveles personal, social y espiritual.