Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José (Domingo siguiente a la solemnidad de la Natividad del Señor o 30 de diciembre, cuando no hay ningún Domingo entre el 25 de diciembre y el 1 de enero).
Ciclo A.
Dios consigue que todo lo que nos suceda a lo largo de los años que se prolonga nuestra vida, contribuya a purificarnos y santificarnos.
Ejercicio de lectio divina de MT. 2, 13-15. 19-23.
Lectura introductoria: OS. 11, 1.
1. Oración inicial.
Iniciemos este encuentro de oración y meditación, en el Nombre del Padre, del Hijo, y, del Espíritu Santo.
R. Amén.
En el día en que recordamos a la Sagrada Familia, aparece al principio del Evangelio que vamos a considerar en el presente trabajo, un hecho que llama mucho nuestra atención, consistente en que San José recibió una manifestación angélica, en la que recibió la orden divina, de salvar la vida del Emmanuel. Este hecho nos incita a replantearnos la manera que tenemos de escuchar la voz de Dios y de servirlo en nuestros prójimos los hombres, pues no siempre es fácil para nosotros distinguir la voz de Dios de nuestros deseos más anhelados, ni de las voces que no están relacionadas con el cumplimiento de la voluntad divina.
Aunque San José se estableció en Belén y seguramente tenía trabajo, recibió la orden de Dios de huir a Egipto para salvar la vida del pequeño Jesús. José, como padre adoptivo de Jesús, se vio obligado a descuidar sus intereses, para cumplir la voluntad divina. También Dios nos pide que lo sirvamos en sus hijos los hombres, pero puede sucedernos que nuestra fe no sea lo suficientemente grande como para que lo obedezcamos. A veces Dios permite que nos veamos en contradicción con nosotros mismos y con Él, cuando nos pide que antepongamos sus intereses a los nuestros (IS. 55, 8). La fe que necesitamos para cumplir la voluntad de Dios no ha de ser muy grande, así pues, el Mesías la equiparó a un grano de mostaza (MT. 17, 20. 21, 21.).
Orar es tener el valor necesario para anteponer el cumplimiento de la voluntad divina a la realización de nuestros deseos e incluso al cumplimiento de nuestros deberes, cuando las circunstancias requieran de nosotros que actuemos como lo han hecho Jesús y sus más fieles seguidores.
Orar es levantarnos durante las noches en que nuestra fe es probada, para salir de nuestra zona de comodidad, y viajar donde el Señor nos pida que trabajemos humildemente, y compartamos la fe que nos caracteriza, por medio de la predicación de la Palabra de Dios, y la realización de buenas obras.
Orar es no olvidar que Jesús es la luz del mundo (JN. 8, 12), aunque vivamos sumidos en las noches en que nos sentimos confundidos y nuestra fe es probada constantemente.
Orar es obedecer a Dios, aunque el cumplimiento de su voluntad en un principio nos aporte dudas e inquietudes. Los psicólogos les enseñan a sus pacientes que somos costumbristas, y que nos supone un gran esfuerzo el hecho de efectuar cambios en nuestra vida que, a corto, medio o largo plazo, nos beneficiarán. De igual manera, hasta que no aprendemos cómo actúa Dios en nuestra vida, no comprendemos perfectamente su voluntad, y por eso necesitamos tener presente siempre, que, Nuestro Padre común, quiere lo mejor para sus hijos.
José estuvo en Egipto con Jesús y María, hasta que falleció Herodes. No todas las circunstancias que prueban la fe que tenemos y los demás dones -o cualidades- que hemos recibido del Espíritu Santo, se prolongan durante todos los años que vivimos. Quizás tenemos la impresión de que no vamos a poder terminar el trabajo que se nos ha encomendado, o de que no vamos a superar el fallecimiento de un familiar querido, e incluso podemos vivir otras situaciones que nos pueden hacer dudar de nosotros, de Dios y de nuestros prójimos los hombres, pero la mayoría de las mismas no han de prolongarse hasta que llegue el día de nuestro fallecimiento. Nada de lo que nos sucede es inútil. Oremos para que llegue el día en que Dios nos revele las respuestas a las preguntas que nos planteamos en multitud de ocasiones, a fin de que podamos descubrir el sentido y la trascendencia de nuestra vida.
La Sagrada Familia volvió a Israel, después de que aconteciera la muerte del perseguidor del pequeño Jesús, pero no pudo establecerse en Judea por temor a la tiranía de Arquelao, y por eso se estableció en Nazaret, donde María quizás pasó años siendo señalada por quienes les buscaban defectos y maldades a los demás para no enfrentarse con su propia verdad, y José hubo de sobrevivir a las burlas de quienes atacaban a quienes consideraban pecadores, con tal de no examinarse a sí mismos, para intentar mejorar su calidad de vida. Por norma los judíos eran muy religiosos, pero el rigorismo de los mandamientos religiosos puede inducirnos a olvidarnos de que somos humanos.
Tal Como la Sagrada Familia le hizo frente a su difícil situación en Nazaret, en ciertas ocasiones, el hecho de que Dios nos conceda algo que deseemos, no significa que tal don divino nos hará plenamente felices, sino que nos atraerá nuevas necesidades. A modo de ejemplos explicativos de lo que os quiero decir, recordemos que Dios liberó a los hebreos de la esclavitud egipcia y posteriormente hizo que muchos judíos deportados a Babilonia y a otros países volvieran a su tierra, pero en ambos casos quienes volvieron a su país no vivieron en paraísos de quietud y bienestar, pues hubieron de empezar a crecer, a partir de situaciones calamitosas. Quienes tenéis hijos mayores de edad recordáis cómo desearon llegar a ser adultos para independizarse, y que, cuando alcanzaron la mayoría de edad, se encontraron con que hubieron de pagar el precio de trabajar y de constituirse en familias o hacerse religiosos, para poder alcanzar sus metas. No olvidemos nunca que la vida fácil no es compatible con Dios ni con sus hijos, pues, un cristiano estancado, jamás podrá disimular que es un no creyente, ni aunque se sepa la biblia de memoria. La cultura de la vida fácil y de la renuncia a la realización de esfuerzos, está aumentando considerablemente el número de depresivos en países en que, el hecho de tener muchas posesiones, debería ayudarles a tener una excelente calidad de vida, y les está sirviendo para vivir aislados, o embargados por la necesidad de aumentar su poder, su riqueza y su prestigio. La frustración no es mala como muchos creen, si consideramos que es indicativa de que podemos buscar caminos alternativos para conseguir lo que añoramos, o de que Dios nos tiene predestinados a alcanzar una meta que nos hará más felices que nuestras propias aspiraciones.
Oremos:
Espíritu Santo:
Cuando los Reyes Magos de Oriente se fueron de Belén tomando un atajo por el Jordán según lo indica la tradición para burlar a Herodes (MT. 2, 12), un ángel le dijo a José que huyera a Egipto con el Niño y María, con el fin de salvar la vida del pequeño Jesús. Este hecho nos recuerda que, a pesar de nuestra impaciencia, sabes cuál es el tiempo apropiado para cumplir tu voluntad, sin que ello actúe contra la fe que nos has concedido. Nosotros tenemos prisa por crecer a todos los niveles posibles, pero tú sabes cómo y cuándo has de actuar, para obtener los mejores resultados.
Aunque afirmamos que tenemos fe en Ti, si nos dieras una orden radical como lo hiciste con José, nuestra débil fe, no nos permitiría cumplirla. Estamos demasiado apegados a nuestras familias, a nuestros amigos y a nuestras posesiones, como para emprender la marcha hacia una tierra nueva que nos indiques, o como para arriesgarnos a emprender alguna acción, por mucho que nos insistas que ello terminará favoreciéndonos.
La Sagrada Familia aprovechó la oscuridad de la noche para huir de Belén, pero quizás a nosotros nos aterran las noches en que es probada la fe que nos ha concedido el Espíritu Santo. No necesitamos más noches que nos fortalezcan espiritualmente, pero sí necesitamos ponernos en camino, confiando en el Dios que desea que alcancemos la meta de nuestra salvación.
José estuvo en Egipto hasta que falleció Herodes, sin perder la esperanza de que podría regresar a su tierra. Nosotros nos vemos enfermos sin posibilidad de curarnos, y pobres sin posibilidad inmediata de encontrar un trabajo digno.
Espíritu Santo, concédenos tu visión, para que podamos comprender que, todo lo que nos sucede, tiene sentido y trascendencia.
Así como la Sagrada Familia volvió a Israel, Dios nos concederá muchas cosas de las que le pedimos, pero ello, en lugar de hacernos plenamente felices, nos impulsará a alcanzar otras metas más difíciles que las actuales.
Espíritu Santo: Fortalece nuestra fe, para que jamás dejemos de ser dignos hijos de Dios, ni excelentes seguidores de Jesús. Amén.
2. Leemos atentamente MT. 2, 13-15. 19-23, intentando abarcar el mensaje que San Mateo nos transmite en el citado pasaje de su Evangelio.
2-1. Permanecemos en silencio unos minutos, para comprobar si hemos asimilado el pasaje bíblico que estamos considerando.
2-2. Repetimos la lectura del texto dos o tres veces, hasta que podamos asimilarlo, en conformidad con nuestras posibilidades de retener, si no todo el texto, las frases más relevantes del mismo.
3. Meditación de MT. 2, 13-15. 19-23.
3-1. Los dos primeros sueños de José (MT. 1, 20-21. 2, 13-14).
En el primer texto mencionado en el título del presente epígrafe del trabajo que estamos considerando, José recibió la revelación que le instó a aceptar a Jesús como Hijo de Dios y María, porque el Mesías no fue producto de una infidelidad de su prometida, sino que fue engendrado por obra y gracia del Espíritu Santo, con el fin de que salvara a su pueblo del castigo que merecía, por haber incumplido la Ley de Yahveh conscientemente. En el segundo texto aquí mencionado, José fue alertado para que huyera a Egipto con su familia, con el fin de salvar la vida del pequeño Jesús. La Sagrada Familia habría de permanecer en Egipto, hasta que José recibiera el aviso divino, de que podía volver a Israel.
Aunque José no era el padre natural de Jesús, era el padre legal del Hijo de dios y María, y por ello estaba obligado por la Ley de Moisés y de Israel, a proteger la vida del pequeño Jesús.
Dios se revela a quienes sabe de antemano que no lo van a rechazar, pues sus corazones son aptos para acogerlo, y cumplir su voluntad cabalmente. José no se mostró orgulloso porque recibía revelaciones divinas, sino que le fue dócil a Yahveh.
¿Actuamos con orgullo porque somos hijos de Dios? San Pablo les escribió a los cristianos de Corinto que no se mostraran orgullosos pensando que sus dones eran superiores a los que recibieron sus correligionarios, ya que todos los dones divinos han de ser usados para servir a las diversas comunidades cristianas existentes (1 COR. 12, 7-11).
José recibió la orden de levantarse. Quienes celebramos la Eucaristía permanecemos en pie durante la mayor parte de las ceremonias, porque así indicamos nuestra disposición a cumplir la voluntad divina.
José tenía que tomar al pequeño Jesús y a María, e ir a Egipto, quedando a la espera de recibir la orden de regresar a Israel, el país en que Jesús debía cumplir la misión que le fue encomendada por Nuestro Padre común.
José tenía que cumplir la orden angélica para salvar a Jesús de los soldados de Herodes que cortaron las cabezas de los niños menores de dos años que conocemos como Santos Inocentes, cuyo recuerdo vivimos el 28 de diciembre.
¿Conocemos la voluntad de Dios respecto de nosotros tal como la conoció San José?
¿Somos conscientes de que sólo Dios sabe por qué hemos de cumplir su voluntad, cómo hemos de hacerlo, y cómo necesitamos obedecerle?
Si José huía de Belén durante la noche, salvaba la vida de Jesús. ¿Qué sucederá cuando hayamos cumplido la voluntad divina?
¿Cómo podemos distinguir la voluntad de Dios de la nuestra cuando se contraponen?
José huyó de Belén durante la noche, sin despedirse de sus conocidos, con el fin de impedir que se le identificara durante el viaje que hizo o cuando permaneciera en Egipto. José no esperó que amaneciera, porque Jerusalén distaba a poca distancia de Belén, y no tenía tiempo que perder. ¿Cumplimos la voluntad de Dios como actúa el niño pequeño que salta desde la parte de arriba de una escalera porque tiene la seguridad de que su padre no le dejará caerse?
3-2. Paralelismos interesantes (MT. 2, 15).
En JER. capítulos 43-44, se registra el hecho de que en las grandes ciudades egipcias había colonias judías, lo cual justificaba los viajes de los hermanos de raza del Señor a Egipto. Dado que San Mateo era judío y escribió su Evangelio con la intención de cristianizar a sus hermanos de raza, equiparó la emigración de la Sagrada Familia al establecimiento de Jacob y sus hijos en Egipto, y comparó al pequeño Jesús con Moisés, dejando constancia de la primacía del primero respecto del segundo. Así como Moisés huyó de Egipto por haber asesinado a un capataz hebreo para defender a uno de sus hermanos de raza (ÉX. 2, 11-15), José sacó a Jesús de Israel, para impedir que Herodes lo asesinara. Así como Yahveh sacó a su pueblo de Egipto (OS. 11, 1), permitió que Jesús regresara a su tierra, acompañado por María y José. Tal como Moisés regresó de Egipto a Israel para liberar a sus hermanos de la esclavitud, Jesús volvió de Egipto para llevar a cabo su misión redentora. Mientras que Moisés tuvo la misión de liberar a un pueblo de la esclavitud, Jesús desempeñó la misión de expiar los pecados de la humanidad creyente, para aumentar considerablemente el número de los hijos de Dios.
3-3. La Sagrada Familia regresó de Egipto a Israel, y fue a habitar a Nazaret (LC. 2, 19-23).
El ángel cumplió la palabra que le dio a José respecto de que esperara la orden de volver a Israel, y avisó al futuro Patrón de la Iglesia para que volviera a Palestina, cuando aconteció el fallecimiento de Herodes. Otra vez José tuvo que levantarse, y tomar al Niño y a María para volver a su tierra, pues Jesús ya no corría peligro.
La Sagrada Familia deseaba vivir en la región de Judea, lejos de las críticas inhumanas de quienes sabían que Jesús no era hijo natural de José. A veces el excesivo cumplimiento de normas religiosas nos hace inhumanos, y no faltan quienes esconden sus defectos resaltando los errores de otras personas. José y María querían tener una vida tranquila para vivir su pequeña felicidad educando a Jesús, pero una vez más Dios torció sus planes.
Herodes el Grande murió el año 4 antes de Cristo, sabiendo que Roma confiaba plenamente en él, y que no se fiaba de sus descendientes. Herodes intentó dividir su poder entre sus hijos, por lo que le entregó a Arquelao Judea, Samaria e Idumea, a Herodes Antipas Galilea y Perea, y a Herodes Filipo II le entregó traconite. Arquelao inició el ejercicio de su poder demostrando su furia ordenando el asesinato de tres mil judíos influyentes, por lo que fue deportado nueve años después de empezar a ejercer su poder. José, siendo conocedor de la tiranía de Arquelao, y recordando cómo el padre del citado asesino quiso quitarle la vida a Jesús, decidió vivir en Galilea.
Nazaret se hallaba al sur de la zona montañosa de Galilea, cerca del gran cruce de caravanas. Los nazarenos estaban estrechamente relacionados con los paganos, -lo cual les ganó el desprecio de muchos judíos-, pues estaban en una ruta comercial, y entre ellos fue establecida la guarnición de soldados romanos encargados de mantener el orden en Galilea. Era necesario que Jesús fuera educado en un pueblo de gente considerada pecadora por la hélite religiosa de Jerusalén, porque vino al mundo a redimir a su pueblo del castigo merecido por sus incumplimientos de la Ley mosaica (MT. 1, 21).
¿Nos consideramos superiores a quienes no creen en el Dios Uno y Trino, a nuestros hermanos cristianos pertenecientes a denominaciones de discípulos de Jesús diversas, y a quienes no cumplen los mandatos religiosos que cumplimos cabalmente?
Jesús no habría de ser llamado nazareno, sino nazir -o nazareo-, en atención al texto profético de IS. 11, 1, donde la palabra hebrea "vástago" es similar a la palabra nazareo. Para San Mateo, Jesús es el verdadero Mesías, el Profeta que no surgió de la realeza tal como se esperaba que lo hiciera el Enviado de Dios, sino de la clase humilde (MIQ. 5, 2).
3-4. Si hacemos este ejercicio de lectio divina en grupos, nos dividimos en pequeños subgrupos para sacar conclusiones tanto del texto bíblico que hemos meditado como de la reflexión que hemos hecho del mismo, y, finalmente, los portavoces de los subgrupos, hacen una puesta en común, de las conclusiones a que han llegado todos los grupos, tras la cual se hace silencio durante unos minutos, para que los participantes mediten sobre lo leído y hablado en los grupos, individualmente.
3-5. Si hacemos este ejercicio individualmente, consideramos el texto evangélico y la meditación del mismo expuesta en este trabajo en silencio, con el fin de asimilarlos.
4. Apliquemos la Palabra de Dios expuesta en MT. 2, 13-15. 19-23 a nuestra vida.
Respondemos las siguientes preguntas, ayudándonos del Evangelio que hemos meditado, y de la consideración que aparece en el apartado 3 de este trabajo.
3-1.
¿Qué revelación recibió José en la primera visión angélica que tuvo?
¿Por qué fue José avisado para que aceptara a Jesús como su hijo adoptivo?
¿Quiénes son los padres naturales de Jesús?
¿Cómo fue engendrado Jesús en las entrañas purísimas de María?
¿Para qué se hizo Jesús Hombre?
¿Qué se le dijo a José en su segunda visión?
¿Hasta cuándo tenía que permanecer la Sagrada Familia en Egipto?
¿Por qué tenía José la obligación de proteger a Jesús y de cuidarlo y educarlo como si fuera su hijo natural?
¿Por qué se les revela Dios a aquellos de quienes sabe de antemano que no van a rechazar el cumplimiento de su voluntad?
¿Cómo se mostró José ante las revelaciones celestiales de que fue receptor?
¿Actuamos con orgullo cuando nos sentimos importantes al recibir revelaciones celestiales y/o al cumplir la voluntad divina? ¿Por qué?
¿Por qué es necesario que nos sirvamos de los dones que hemos recibido del Espíritu Santo para servir a los hijos de la Iglesia?
¿Por qué Jesús no usó su poder para beneficiarse a Sí mismo, y lo utilizó para beneficiar a quienes fueron receptores de las obras con que demostró la abundancia del Reino de Dios?
¿Por qué recibió José la orden de levantarse antes de iniciar el viaje a Egipto y el retorno a Israel?
¿Por qué permanecemos en pie durante la mayor parte de las celebraciones de la Eucaristía?
¿Por qué era necesario que la Sagrada Familia volviera de Egipto a Israel cuando aconteciera la muerte de Herodes?
¿Por qué tuvo José que obedecer al ángel que se le reveló?
¿Conocemos la voluntad de Dios respecto de nosotros tal como la conoció San José?
¿Somos conscientes de que sólo Dios sabe por qué hemos de cumplir su voluntad, cómo hemos de hacerlo, y cómo necesitamos obedecerle?
Si José huía de Belén durante la noche, salvaba la vida de Jesús. ¿Qué sucederá cuando hayamos cumplido la voluntad divina?
¿Cómo podemos distinguir la voluntad de Dios de la nuestra cuando se contraponen?
¿Por qué inició José su viaje a Egipto durante la noche?
¿Qué significan la noche y el día en la simbología bíblica?
¿Cumplimos la voluntad de Dios como actúa el niño pequeño que salta desde la parte de arriba de una escalera porque tiene la seguridad de que su padre no le dejará caerse?
3-2.
¿Por qué viajaban muchos judíos a Egipto?
¿Por qué equiparó San Mateo el establecimiento de Jacob y sus hijos en Egipto con el viaje que hizo la Sagrada Familia de Belén?
¿Por qué Comparó San Mateo a Jesús con Moisés, e hizo hincapié en que el Libertador de la humanidad pecadora es más importante que el libertador de los esclavos hebreos?
3-3.
¿Qué hecho motivó la tercera revelación de que José fue objeto? ¿Por qué?
¿Por qué deseaba la Sagrada Familia vivir en Judea?
¿Por qué puede deshumanizarnos el obsesivo cumplimiento de normas religiosas?
¿En qué año falleció Herodes el Grande?
¿Por qué dividió Herodes su reinado entre Arquelao, Herodes Antipas y Herodes Filipo II?
¿Qué territorios les correspondió a cada uno de los mencionados hijos de Herodes?
¿Qué hecho provocó la deportación de Arquelao nueve años después de que iniciara el ejercicio de su poder sobre los judíos?
¿Por qué quiso José vivir en Galilea?
¿Dónde se hallaba Nazaret?
¿Por qué despreciaban los judíos constituyentes de la hélite religiosa a los nazarenos?
¿Nos constituimos los cristianos en guetos y despreciamos a quienes no observan nuestra conducta? ¿Por qué?
¿Por qué era necesario que Jesús fuera educado en un pueblo de gente considerada pecadora por la hélite religiosa de Jerusalén?
¿Nos consideramos superiores a quienes no creen en el Dios Uno y Trino, a nuestros hermanos cristianos pertenecientes a denominaciones de discípulos de Jesús diversas, y a quienes no cumplen los mandatos religiosos que cumplimos cabalmente?
¿Debía ser llamado Jesús "Nazareno" o "Nazareo"? ¿Por qué?
5. Lectura relacionada.
Leamos y meditemos el capítulo dos del primer Evangelio, para conocer detalladamente lo que San Mateo nos dice respecto de la Infancia del Señor Jesús.
6. Contemplación.
Contemplemos a José en Belén, feliz porque estaba con quienes amaba y probablemente tenía trabajo, recibiendo la revelación nocturna, en que se le dijo que tenía que huir rápidamente a Egipto, con el fin de salvar la vida del pequeño Jesús.
Observémonos viviendo nuestra rutina, y muchas veces atemorizados cuando tenemos que hacer un cambio en nuestra vida, por más que se nos insista que ello nos beneficiará algún día.
Contemplemos a María en su doble papel de esposa obediente y Madre buena. Ella no podía tomar decisiones porque no era hombre, pero sí podía orar para que Dios la protegiera junto a quienes más amaba.
Observémonos con dificultades para vivir en silencio cuando necesitamos esperar que se cumpla la voluntad de Dios, porque no es nuestro tiempo de actuar.
Contemplemos a la Sagrada Familia en Egipto, esperando que José recibiera la orden de volver a Israel.
Observémonos impacientes, porque Dios no responde nuestras preguntas en el preciso instante en que queremos que lo haga.
Contemplemos a José tomando la decisión de volver a Nazaret, con tal de no arriesgar la vida de Jesús.
Observémonos con dudas de fe, cada vez que Dios escribe un episodio de nuestras vidas con renglones torcidos.
7. Hagamos un compromiso que nos impulse a vivir las enseñanzas que hemos extraído de la Palabra de dios, expuesta en MT. 2, 13-15. 19-23.
Comprometámonos a orar con el fin de descubrir lo que dios quiere de nosotros, para que podamos cumplir la voluntad divina.
Escribamos nuestro compromiso para recordarlo constantemente, y, según lo cumplamos, aumentará nuestro amor a Dios, y a sus hijos los hombres.
8. Oración personal.
Después de hacer unos minutos de silencio, expresamos verbalmente lo que pensamos, con respecto al texto bíblico que hemos considerado, y a la reflexión del mismo que hemos hecho.
Ejemplo de oración personal:
Padre bueno:
Ayúdanos a conocer, amar y cumplir tu divina voluntad, pues en ello consiste el hecho de que alcancemos la plenitud de la felicidad.
9. Oración final.
Leamos y meditemos los Salmos 1 y 2, con el fin de que, al desear ser fieles seguidores de Jesús, nos amoldemos al cumplimiento de la voluntad divina.
José Portillo Pérez espera peticiones, sugerencias y críticas constructivas, en
joseportilloperez@gmail.com