Padre nuestro.
Jueves, 08/11/2011, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima.
1. Meditación de la primera lectura (GN. 3, 1-20).
Estimados hermanos:
Aunque la primera lectura correspondiente a la Solemnidad que estamos celebrando sólo abarca los versículos 9-15 y 20 del capítulo 3 del primer libro de la Biblia, he creído necesario comentar el citado capítulo completo, para así poder meditar mejor, sobre el papel que desempeña Nuestra Santa Madre, en la Redención de la humanidad.
¿Con qué finalidad creó Dios a la humanidad?
Dios creó el universo, y vio que estaba bien, -es decir, que su obra existía, de acuerdo con el propósito con que la creó-.
"Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien" (CF. GN. 1, 31).
Dios no creó el universo casualmente, sino que lo hizo con el propósito de contribuir a la creación de un Reino, en que habitaran el amor, la paz y la armonía.
Dios creó ángeles para que nos sirvieran a El y a los hombres.
"De los ángeles, por su parte, dice la Escritura: Dios crea a sus ángeles como seres espirituales, y hace a sus ministros como llamas ardientes... ¿Qué son los ángeles, sino espíritus que han recibido la misión de servir a los que están en camino de heredar la salvación?" (HEB. 1, 7. 14).
Dios no hizo de los ángeles esclavos, sino que los dotó de la libertad necesaria para que eligieran servirlo, o rechazarlo. En el libro de Job, vemos cómo se alegraron los ángeles, cuando nuestro Santo Padre creó la tierra.
"¿Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra?
Indícalo, si sabes la verdad.
¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabrías?
¿Quién tiró el cordel sobre ella?
¿Sobre qué se afirmaron sus bases?
¿Quién asentó su piedra angular,
entre el clamor a coro de las estrellas del alba
y las aclamaciones de todos los hijos de Dios?" (JOB. 38, 4-7).
Indícalo, si sabes la verdad.
¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabrías?
¿Quién tiró el cordel sobre ella?
¿Sobre qué se afirmaron sus bases?
¿Quién asentó su piedra angular,
entre el clamor a coro de las estrellas del alba
y las aclamaciones de todos los hijos de Dios?" (JOB. 38, 4-7).
De la misma manera que muchos hombres rechazan a Dios, también hubo ángeles que se revelaron contra nuestro Padre común.
"Cuando he aquí que otra figura prodigiosa apareció en el cielo: un enorme dragón color de fuego (símbolo de Luz-Bel, quien, al renegar de Dios, fue conocido como Satanás), con siete cabezas y diez cuernos (símbolos de los enemigos de Dios), y una diadema en cada una de sus siete cabezas. Con su cola arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra (tales estrellas representan a los ángeles que se revelaron contra Dios)" (CF: AP. 12, 3-4).
Al igual que los ángeles, los hombres también fueron creados para servir y glorificar a Dios. Esta es la causa por la que en la Biblia se describe la creación del género humano, y Dios hace que los hombres dominen la tierra, haciéndoles conocer el amor con que les ama, haciéndolos copartícipes con Cristo de su futuro Reino mesiánico.
Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra"" (GN. 1, 26-28).
Aunque Dios le concedió al hombre poder sobre la creación, le impuso una prueba, para que le mostrara lealtad. Tal prueba consistía en que el hombre le permaneciera fiel, no haciendo de la soberbia su propia divinidad.
"Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio"" (GN. 2, 16-17).
Adán y Eva fueron creados en estado puro, -es decir, nuestros primeros padres, no estaban marcados por la mácula del pecado-.
"Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro" (GN. 2, 25).
Tal desnudez, ha de ser entendida en el sentido de que ambos eran inocentes, no habían pecado.
Adán y Eva tenían que cuidar el jardín en que Dios los puso mientras probaba su fidelidad a El, pero, ¿hasta cuándo se prolongó la buena relación existente entre la Suma Divinidad y nuestros primeros padres?
"La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. y dijo a la mujer: "¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?"" (GN. 3, 1).
La serpiente es un símbolo del Demonio o Satanás. Tal como vimos anteriormente, Dios les prohibió a Adán y a Eva que se alimentaran del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal, y no de los frutos del resto de los árboles del Edén. Notemos cómo Satanás utilizó una pregunta engañosa con el doble propósito de granjearse la confianza de Eva, y de empezar a hacerla sentirse mal, por vivir sometida a Dios.
¿Por qué engañó el Diablo a Eva, en vez de llevarse a Adán a su terreno? Los hebreos consideraban que los hombres eran superiores a las mujeres en todos los aspectos. Esta es la razón por la que, el autor del texto sagrado, culpó a Eva, de que el pecado y el sufrimiento, entraran en el mundo.
"Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal"" (GN. 3, 2-5).
¿Por qué quiso el Demonio engañar a Adán y a Eva? Al revelarse contra Dios, Satanás, -a pesar de que sabía -y no ignora- que tiene la guerra contra Dios perdida, tiene el empeño de enemistar a los hombres con la Suma Divinidad. Esta es la razón por la que el Demonio le dijo a Eva que ni Adán ni ella necesitaban vivir sujetos a Dios, sino que debían aspirar a hacer con sus vidas lo que quisieran.
Se nos ha enseñado que la rebeldía de nuestros ancestros se nos ha contagiado, porque, ¿quién no ha decidido en alguna ocasión prescindir de Dios, sabiendo que ello es caer en el pecado, no porque Dios es autoritario, sino porque sabe que sin El no podemos alcanzar la plenitud de la felicidad?
"Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió" (GN. 3, 6).
¿Imitamos la conducta de Eva?
¿Creemos que es bueno para nosotros prescindir de Dios en nuestra vida?
¿Nos vemos como dioses, o consideramos como dioses los bienes que sólo tienen la finalidad de estar a nuestra disposición para facilitarnos la vida?
¿Creemos que la verdadera sabiduría radica en prescindir del amor a Dios y a nuestros prójimos los hombres?
Además de no vivir como buenos cristianos, ¿hacemos lo posible para que nuestros prójimos pierdan la fe?
Eva le dio a comer a Adán del fruto prohibido, y él aceptó dicho alimento por sí mismo, pues no lo hizo coaccionado por su mujer, aunque la idea de que Eva engatusó a Adán, ha hecho que muchas religiones cristianas consideren que los hombres son superiores a las mujeres, las cuales viven relegadas a la realización de la tarea de servir a sus familiares, sin voz ni voto en la toma de decisiones, que sólo corresponde a los hombres.
¿Qué sucedió cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios?
Adán y Eva perdieron la inmortalidad, la munidad, -es decir, podían enfermarse-, y adquirieron la conciencia de la responsabilidad del acto que habían llevado a cabo.
"Entonces se les abrieron a entrambos los ojos (se percataron de la gravedad de su desobediencia a Dios, y del significado de las consecuencias de su acción), y se dieron cuenta de que estaban desnudos (se percataron de que eran pecadores); y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores" (GN. 3, 7).
Adán y Eva no se avergonzaron por causa de su desnudez física -la cual se describe en GN. 2, 25 simbolizando su inocencia tal como vimos anteriormente-, sino por causa de su inferioridad con respecto a Dios. El sentimiento debía ser en parte de vergüenza, y en parte de impotencia, por causa de su nueva y frágil condición humana.
La desobediencia de nuestros primeros padres, si bien les hizo tener la experiencia del mal, -la cual les era desconocida-, no les fue necesaria, ya que, después de que hubiera terminado el tiempo en que tenían que demostrarle su fidelidad a Yahveh, hubieran vivido en la presencia de Dios, libres de todo padecimiento.
¿Cómo reaccionaron Adán y Eva ante Dios, después de comer del fruto prohibido?
"Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín. Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.» El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí»" (GN. 3, 8-12).
Imaginemos, por un momento, que Dios se pasea por el mundo, y que podemos sentir su presencia, tal como lo hicieron Adán y Eva, antes de desobedecer al Altísimo.
¿Cómo debieron sentirse Adán y Eva para esconderse de Dios, sabiendo que nadie ni nada puede ocultársele a nuestro Creador?
Dios llamó a Adán con la familiaridad de siempre. "¿Dónde estás?", -le preguntó-. ¿Por qué no vienes a recibirme como siempre? ¿Qué ha sido de la alegría con que siempre que nos vemos celebramos nuestra vinculación?
Adán le replicó a Yahveh: Me he escondido de Ti porque no tengo valor en tu presencia.
Dios sabía lo que había hecho Adán, pero intentó que el hombre le declarara su pecado, para probar su confianza. El hecho de que Yahveh fuera quien descubriera la desobediencia de Adán, fue otro motivo que lastimó a nuestro Santo Padre.
¿Somos capaces de confesar nuestros pecados, o, tal como Adán culpó a su mujer de su desobediencia a Dios, buscamos excusas para justificar nuestros múltiples incumplimientos de los Mandamientos de nuestro Creador?
"Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Y contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.» Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho esto,
maldita seas entre todas las bestias
y entre todos los animales del campo.
Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás
todos los días de tu vida.
Enemistad pondré entre ti y la mujer,
y entre tu linaje y su linaje:
él te pisará la cabeza
mientras acechas tú su calcañar"" (GN. 3, 13-15).
«Por haber hecho esto,
maldita seas entre todas las bestias
y entre todos los animales del campo.
Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás
todos los días de tu vida.
Enemistad pondré entre ti y la mujer,
y entre tu linaje y su linaje:
él te pisará la cabeza
mientras acechas tú su calcañar"" (GN. 3, 13-15).
La condena de la serpiente, es la condena simbólica que le espera al diablo, cuando el mundo sea el Reino de Dios.
El texto de GN. 3, 15, es llamado "Protoevangelio", por contener un anuncio de la obra salvadora que realizó Jesús que se nos relata en los Evangelios, y, además, es el fragmento bíblico, en que se inspiran todos los dogmas marianos.
Dios le dijo a la serpiente: "Enemistad pondré entre ti y la mujer". Dado que Eva desobedeció a Dios, ella no puede ser nuestro ejemplo de fe a imitar, así pues, este es el hecho por el que la Madre de Jesús, es la nueva Eva, que es Madre espiritual de los católicos.
La mujer de que se habla en GN. 3, 15, no sólo es nuestra Santa Madre, sino que también es la Iglesia redimida por Cristo, que está representada por Nuestra Señora.
La enemistad existente entre la mujer y la serpiente, es la enemistad existente entre Dios y el mundo que le rechaza.
El linaje de la mujer, son los hijos de la Iglesia, y, el linaje de la serpiente, son los aliados del Demonio.
El hecho de que el linaje de la mujer le pisará la cabeza al linaje de la serpiente, significa que, aunque Jesús fue víctima del linaje de Satanás, el Señor, al resucitar de entre los muertos, venció al Demonio. La derrota de Jesús fue breve, si es comparada con los siglos sin término que se prolonga su glorificación.
Si el texto de GN. 3, 15 se refiere a la descendencia de la mujer, -a Jesús, Hijo de María Santísima-, ¿por qué es utilizado para promover los dogmas marianos?
Eva, -la primera mujer que fue creada por Dios-, tenía que haber sido un modelo de fe a imitar para toda la humanidad, pero ella decidió desobedecer a Yahveh, lo cual exigía que fuera otra mujer la que ocupara su lugar, que hubiera nacido con el privilegio de estar libre de la mancha del pecado original, que la Iglesia junto a San Pablo, enseña que todos contraímos, a partir del momento en que fuimos concebidos.
Al leer la Biblia, nos percatamos de que nadie ni nada que esté relacionado con Dios, puede estar marcado por la mácula del pecado, así pues, recordemos lo escrupulosa que era la Ley mosaica con respecto a la pureza, y que, para que el sacrificio de la Redención de la humanidad fuese válido, tenía que ser llevado a cabo por Nuestro Salvador, una víctima pura, que jamás desobedeció a Dios. Por último, recordemos que, si queremos vivir en la presencia de nuestro Santo Padre, tenemos que vivir un proceso de purificación, con el propósito de ser santificados.
Hoy celebramos el hecho de que Nuestra Santa Madre nació libre de padecer los efectos de la mácula del pecado original, porque nosotros no podemos redimirnos por nuestros medios, y porque, lo que somos, y lo que seremos cuando nuestro mundo sea el Reino de Dios, se lo debemos a nuestro Santo Padre. Vivimos intentando cumplir la voluntad divina, para agradecerle a Dios el bien que nos ha hecho, dado que nuestras obras de seres imperfectos, no pueden compararse con la suma perfección de Nuestro Creador. Seremos salvos porque Dios nos ama, no por nuestros méritos.
Si nuestra Santa Madre nunca desobedeció a Dios, ello significa que le consagró su virginidad a Yahveh. La relación mantenida entre el Señor y quienes creen en El, es comparada con una relación matrimonial. Esta es la razón por la que, cuando nuestra tierra sea el Reino de Dios, la humanidad redimida se entregará a su Señor, tal como lo hace una virgen al que será su marido.
Por ser Madre de Dios, y por el dolor que sufrió durante las horas que se prolongó la Pasión de nuestro Salvador, y que antecedieron a su Resurrección, creemos que Santa María es la Corredentora de la humanidad, lo cual justifica el papel que le atribuimos, al interpretar los símbolos de GN. 3, 15.
Si nuestra Santa Madre pudo corredimir a la humanidad en virtud de los méritos de Nuestro Salvador y de su pureza virginal, es lógico creer que fue asunta al cielo en cuerpo y alma, porque, al no estar marcada por la mácula del pecado original, no tiene que padecer la muerte, de la que San Pablo enseña que es el precio que pagamos, por haber nacido padeciendo los efectos de la desobediencia original, y por causa de nuestros pecados personales.
Y si Dios lo quiere, llegará el día en que sea proclamado el quinto dogma mariano, para que ello contribuya a fortalecer nuestra fe y a aumentar los hijos de nuestra Santa Madre la Iglesia, para que quede demostrado que, por ser nuestra Corredentora, María Santísima es, ante el Señor nuestro Dios, la Abogada que necesitamos, y la Medianera de todas las gracias, por cuanto le pide al Señor todos los bienes que nos concede, por lo cuál nos regocijamos, porque, de alguna manera, -en términos espirituales-, las dádivas que recibimos de Dios, están en las manos de Nuestra Santa Madre.
Sigamos meditando el texto del Génesis.
"A la mujer le dijo (Dios):
«Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos:
con dolor parirás los hijos.
Hacia tu marido irá tu apetencia,
y él te dominará"" (GN. 3, 16).
«Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos:
con dolor parirás los hijos.
Hacia tu marido irá tu apetencia,
y él te dominará"" (GN. 3, 16).
Este es el versículo bíblico cuya interpretación ha sometido a muchas mujeres a los hombres, por creer los tales que ellas son las responsables de que existan el mal y el dolor, por ser descendientes de Eva. Sé que esta creencia es discutible, pero me la han confirmado líderes de diferentes sectas y religiones.
Por su parte, el hombre fue castigado, por escuchar la voz de la mujer que lo indujo a pecar, en vez de obedecer la instrucción divina, que le fue dada, en espera de la conclusión de la prueba de fidelidad, a que Yahveh lo sometió.
" Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y
comido del árbol del que yo te había prohibido comer,
maldito sea el suelo por tu causa (maldita sea la tierra porque me has desobedecido):
con fatiga sacarás de él el alimento
todos los días de tu vida.
Espinas y abrojos te producirá,
y comerás la hierba del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan,
hasta que vuelvas al suelo,
pues de él fuiste tomado.
Porque eres polvo (te hice de la tierra) y al polvo tornarás (morirás)."
El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes" (GN. 3, 17-20).
comido del árbol del que yo te había prohibido comer,
maldito sea el suelo por tu causa (maldita sea la tierra porque me has desobedecido):
con fatiga sacarás de él el alimento
todos los días de tu vida.
Espinas y abrojos te producirá,
y comerás la hierba del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan,
hasta que vuelvas al suelo,
pues de él fuiste tomado.
Porque eres polvo (te hice de la tierra) y al polvo tornarás (morirás)."
El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes" (GN. 3, 17-20).
El texto que hemos meditado, termina afirmando dos cosas:
1. Adán le puso nombre a su mujer, cumpliendo el anuncio que Dios le hizo a Eva, de que debía vivir sometida a su esposo, pues, para los hebreos, el hecho de conocer el nombre de una persona, significaba tener poder sobre la misma.
2. Si Eva es la madre de la humanidad porque somos sus descendientes, María de Nazaret, es nuestra Madre espiritual.
2. Meditación del Salmo responsorial (SAL. 97/98, 1. 2-3ab. 3c-4).
Después de meditar el capítulo tres del primer libro de la Biblia, nos disponemos a orar, y nos valemos, para dirigirnos al Señor, de los primeros cuatro versículos, del Salmo 97/98.
"Cantad a Yahveh un canto nuevo,
porque ha hecho maravillas;
victoria le ha dado su diestra
y su brazo santo" (SAL. 97/98, 1).
porque ha hecho maravillas;
victoria le ha dado su diestra
y su brazo santo" (SAL. 97/98, 1).
Cantémosle a Dios un cántico nuevo, -es decir, la mejor alabanza que jamás se le haya cantado-, porque ha hecho grandes maravillas en nuestra vida al manifestársenos, y, por medio de la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, nos ha redimido, por lo que nos hace esperar el día en que viviremos en un mundo, en que no existirá ninguna forma de padecimiento. Esta es la causa por la que San Pablo nos instruye, en los siguientes términos:
"Y, por encima de todo, practicad el amor, que es la cumbre de la perfección. Que la paz de Cristo reine en vuestra vida; a ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Sed agradecidos. El mensaje de Cristo llene con toda su riqueza vuestros corazones, y sed de veras maestros y consejeros los unos de los otros. Con un corazón profundamente agradecido, cantad a Dios salmos, himnos y canciones inspiradas. En fin, cuanto hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (COL. 3, 14-17).
Que el amor a Dios y a nuestros prójimos, -demostrado en el servicio a los mismos-, la vivencia de la fe que profesamos, y nuestra alabanza a Dios, constituyan la mejor canción que podamos cantar durante los años que se prolonga nuestra vida.
El Señor ha logrado su victoria con su mano derecha, pues la derecha es el lugar de honor. Jesucristo, -según rezamos en el Credo-, está sentado a la derecha de nuestro Santo Padre en el cielo. Dios ha logrado la victoria sobre el mal, el sufrimiento y la muerte simbólicamente, -porque aún no ha derrotado totalmente a sus contrarios-, y ha procedido con gran honestidad, y lealtad a sus principios.
El brazo del Señor es Santo, porque nuestro Dios es superior a las fuerzas del mal.
"Yahveh ha dado a conocer su salvación,
a los ojos de las naciones ha revelado su justicia" (SAL. 97/98, 2).
a los ojos de las naciones ha revelado su justicia" (SAL. 97/98, 2).
Dios, -por medio de la Biblia, y de sus predicadores religiosos y laicos-, nos ha dado a conocer la salvación con que premiará el amor y fidelidad de sus amados hijos, y, al mismo tiempo, el transcurso de la Historia, nos hace comprender que, nuestro Santo Padre, nos ha revelado su justicia, porque, aunque perdona nuestros pecados, no nos libra de vivir las consecuencias del mal que hemos hecho, porque ello es útil para nuestra purificación y santificación.
"Se ha acordado de su amor y de su lealtad
para con la casa de Israel.
Todos los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios" (SAL. 97/98, 3).
para con la casa de Israel.
Todos los confines de la tierra han visto
la salvación de nuestro Dios" (SAL. 97/98, 3).
Dios hizo de los hebreos su primer pueblo, una nación santa de la que pensamos que fue una imagen de lo que representa la Iglesia en la presencia de nuestro Padre común.
De la misma manera que Dios fue un Padre amante y leal con los israelitas, El cuida del pueblo cristiano, pues no deja de manifestarles su amor a quienes verdaderamente ama.
Alegrémonos, porque no estamos solos, pues somos hijos del Dios del cielo y de la tierra.
"¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,
estallad, gritad de gozo y salmodiad!" (SAL. 97/98, 4).
estallad, gritad de gozo y salmodiad!" (SAL. 97/98, 4).
3. Comentario de la segunda lectura (EF. 1, 3-6. 11-12).
"Alabemos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por medio de Cristo nos ha bendecido con toda suerte de bienes espirituales y celestiales" (EF. 1, 3).
¿En qué sentido nos ha colmado Dios de dones espirituales? El Espíritu Santo nos concede sus dones según los vamos necesitando, cuando sabe que no nos vamos a oponer a ejercitarlos.
Dios nos concede sus dones espirituales -y los bienes materiales que nos da-, por medio de Jesucristo, porque Nuestro Señor vivió su Pasión, murió y resucitó, para perfeccionarnos, con tal que podamos vivir en la presencia de Nuestro Santo Padre celestial.
"El nos ha elegido en la persona de Cristo antes de traer el mundo a la existencia, para que nos mantengamos sin mancha ante sus ojos, como corresponde a consagrados a él" (CF. EF. 1, 4).
Antes de crear el mundo, Dios nos destinó, -sin perjuicio de que cambiáramos su designio mediante el uso consciente de nuestra libertad de renegar de El-, a que viviéramos en su presencia, no en nuestro estado actual de imperfección, sino en el estado glorioso, en que está Cristo Resucitado y glorificado.
Si nos abstenemos de pecar para vivir en la presencia de Dios, hacemos lo correcto, porque ello es lo que debemos hacer, si queremos consagrarnos al Dios Uno y Trino, -es decir, si queremos entregarle nuestra vida, para amoldarnos al cumplimiento de su voluntad-.
"Amorosamente nos ha destinado de antemano, y por pura iniciativa de su benevolencia, a ser adoptados como hijos suyos mediante Jesucristo" (CF. EF. 1, 4-5).
Desde antes de crear el mundo, Dios nos destinó, -no por nuestros méritos, sino porque es su voluntad amarnos incondicionalmente-, a ser sus hijos adoptivos, porque Jesús pagó en la cruz, el mal de que la humanidad ha sido causante, testigo y víctima al mismo tiempo.
Dios no nos ha destinado a vivir sufriendo eternamente, pues San Pablo nos dice que, junto a Cristo, -y por medio de Nuestro Salvador-, nos ha destinado, a vivir, felizmente, en su presencia.
"De este modo, la bondad tan generosamente derramada sobre nosotros por medio de su Hijo querido, se convierte en himno de alabanza a su gloria" (EF. 1, 6).
Agradezcámosle al Señor el bien que nos ha hecho, con las palabras del Salmista:
"Atiéndeme y respóndeme, Señor, Dios mío;
sigue dando luz a mis ojos,
líbrame del sueño de la muerte;
para que no diga mi enemigo: "Le he podido",
ni se alegre mi adversario de mi fracaso.
Pues yo confío en tu lealtad,
mi corazón se alegra con tu salvación
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho" (SAL. 13, 4-6).
sigue dando luz a mis ojos,
líbrame del sueño de la muerte;
para que no diga mi enemigo: "Le he podido",
ni se alegre mi adversario de mi fracaso.
Pues yo confío en tu lealtad,
mi corazón se alegra con tu salvación
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho" (SAL. 13, 4-6).
Pidámosle al Señor que atienda nuestras oraciones, para que la adversidad que vivimos, no nos haga perder la fe.
Que nunca les falte la luz a nuestros ojos, y que seamos capaces de interpretar todo lo que nos sucede, desde el punto de vista de la fe que profesamos.
Que el Señor nos libre de la muerte física, y de la muerte que supone la ignorancia de su conocimiento.
Que el Señor nos socorra, para fortalecer nuestra fe, eliminar a los adversarios que son nuestros problemas, y para que los no creyentes puedan abrazar la fe que profesamos, al ver cómo mejora nuestra calidad de vida.
Confiemos en la lealtad del Señor.
Regocijémonos, mientras esperamos que el Señor cumpla la promesa de conducirnos a su presencia, limpios de nuestros pecados, y libres de los problemas que nos afligen.
¡Alabemos al Señor por el bien que nos ha hecho, y no dejará jamás de hacernos!.
"En Cristo mismo, también nosotros participamos de la herencia a la que hemos sido destinados de antemano, según el designio del Dios que todo lo hace de acuerdo con los planes de su libre decisión" (EF. 1, 11).
Los cristianos hemos sido destinados por Dios a ser coherederos con Cristo de la felicidad que Dios nos tiene reservada.
Dios no procede jamás sin pensar lo que ha de hacer, pues siempre actúa en conformidad con el plan que trazó desde la eternidad, para hacernos felices, viviendo en su presencia.
"Así, nosotros, los que antes esperábamos en Cristo, seremos un himno viviente a la gloria de Dios" (EF. 1, 12).
San Pablo hace referencia a sus hermanos de raza, de quienes espera acepten a nuestro Salvador, para que puedan vivir en la presencia de nuestro Padre común.
Nos es preciso meditar un versículo más del texto de San Pablo que estamos considerando, para recordar que no sólo los hebreos fueron destinados a vivir en la presencia de Dios, pues la esperanza de salvación, también es para los paganos, para toda la humanidad.
"Y vosotros también, los que habéis oído el mensaje de la verdad y habéis acogido con fe el anuncio feliz de vuestra salvación, al ser injertados en Cristo, habéis sido sellados con el Espíritu Santo prometido" (EF. 1, 13).
Por haber sido vinculados a Cristo espiritualmente, hemos sido marcados por el Espíritu Santo, para que, por la recepción de sus dones, y el ejercicio de los mismos, podamos alcanzar la salvación.
(Imagen extraída de:
(Imagen extraída de:).
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Deja aquí tus peticiones, sugerencias y críticas constructivas